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Queridos Jóvenes:

Ya ha pasado un año desde mi llegada a España y éste ha estado lleno de encuentros variados y lindos con varias de vosotras. También este año deseamos ofreceros encuentros formativos mensuales y la posibilidad de vivir una experiencia de un mes o algo más en África, ya sea en grupo o individualmente.


Agenda: Encuentros mensuales

FEBRERO: 26-27

MARZO: 26-27

ABRIL: 16-17

MAYO: 21-22

JUNIO: 18-19


Experiencia en África o América

El lugar y fechas dependen de vuestras posibilidades y también de la realidad de la misión, en ese momento. Para la experiencia de grupo es mejor durante el verano, y como este año se celebra en Madrid la Jornada Mundial de la Juventud, proponemos que la experiencia misionera sea desde finales de agosto a finales de septiembre, más o menos.

Requisitos necesarios:

  • Edad: 20-30 años.

  • Ser Creyentes

  • Deseo fuerte de encontrar-conocer y dejarse encontrar –conocer por hermanos de otras culturas, tradiciones, lenguas y Fe.

  • Disponibilidad para “aprender”.

  • Disponibilidad para asistir a encuentros de formación antes de dicha experiencia en Madrid.

Contacto:

Expedita Pérez León

C/ Julia Balenchana, nº 4

28033 Madrid

Telf. : 91 3 00 22 78 / 690 806 914

expeditaperez45@yahoo.es


comboni
 
Hna. Expedita Pérez León
Española
Misionera en Sudán 

 

 

Próximas actividades

 

NUEVA PROPUESTA: RETIRO PARA JÒVENES  

CAMINO CON LOS JÓVENES 2010–2011
SOBRE LOS PASOS DE JESÚS DE NAZARET:
DESDE EL GRUPO VIRTUAL...A LA COMUNIDAD CON LOS POBRES...


Son muchos los grupos virtuales que hoy existen en internet. También nosotros estamos dentro. Nos dan la posibilidad de estar en contacto con tanta gente, encontrar personas que desde hace tiempo no sentíamos, de conocer personas nuevas; internet era antes un instrumento, ahora es un " lugar" una " plaza".

También la comunidad del evangelista Mateo, con la cual caminaremos este año, tuvo la tentación de encerrarse en sus propias categorías (religiosas, culturales, sociales) que procedían del ambiente judÍo  al cual pertenecían sus miembros. Deseaban estar juntos por " afinidad", por identidad.

Pero la enseñanza de Jesús es otra. Jesús abre las puertas, las mentes, los corazones... Promueve el dialogo, la escucha, el intercambio. Acoge  a su alrededor un grupo de amigos - los discípulos- muy diferentes entre ellos. Con Su Palabra y Su Testimonio los lleva a un peregrinaje dentro en la vida de su gente, de su pueblo. Los ayuda a trasformarse del grupo " virtual" a convertirse en una comunidad CON LOS POBRES. No sólo comunidad, sino COMUNIDAD CON LOS POBRES. No es un detalle marginal sino un modo de ponerse frente a la vida, que toca profundamente las propias elecciones cotidianas: "tenia hambre y medisteis de comer, tenia sed y me disteis de
beber, era extranjero y me acogisteis..."(Mt25).


Para jóvenes de 18 a 30 años

Si quieres caminar con nosotras

Participa a estos encuentros. Se trata de un camino de formación y espiritualidad misionera, abierto a todas-os los jóvenes que deseen abrir sus horizontes y   vivir con coherencia su Fe en su vida de cada día. Este camino tienes 4 pilares:
La Oración, fundada sobre SU PALABRA. El Acompañamiento Personal  de cada joven. El SERVICIO concreto, partiendo de los más pobres. La FORMACIÒN / INFORMACIÒN critica.

OCTUBRE 30-31
NOVIEMBRE 20-21
DICIEMBRE 18-19ENERO 22-23
FEBRERO 19-20
MARZO 26-27
ABRIL 16-17
MAYO 21-22
JUNIO 18-19

Lugar: 
Misioneras Combonianas
c/ Julia Balenchana, 4-6 (a la altura de Arturo Soria,226)
Tel. 91 300 22 78
28033 Madrid

Para mayor información, contacta con la Hna. Expedita Pérez (expeditaperez@gmail.com) 

¡Te esperamos!  

 

 

Zambia

(Agradecemos a las Hermanas Combonianas por compartir parte del trabajo que hacen ellas y los jóvenes, en el anuncio del Evangelio)

WATER AND FIRE”: JÓVENES QUE ENTRE ELLOS SE EVANGELIZAN

¡Me encanta ‘Water and Fire’!” –nos dice convencido un sonriente Imbula Akatumwa, de 23 años. “Algunos me dicen que me he tomado el proyecto ‘Water and Fire’ como si fuera mío. La verdad es que he formado parte de esta aventura desde sus comienzos y siento que compartir mi fe con mis compañeros de edad es mi obligación como bautizado. De hecho, para mí, ‘Water and Fire’ es ya mi misión, y la cumplo con humildad. Me inspira Jesús cuando nos dice “Id y sed mis testigos” ‘Water and Fire’” es para mí, y para muchos otros jóvenes en la Diócesis de Mongu, Zambia, una manera de testimoniar a Cristo y de ser guiados por su espíritu que recibimos cuando fuimos bautizados y confirmados.”

Agua y Fuego

¿Qué es “Water and Fire”?

Water and Fire”, Agua y Fuego en español, es un programa de formación continua en la fe para gente joven. Este itinerario se lleva a cabo en dos fases. El “Encuentro Water and Fire” es la primera fase; es una experiencia similar a un retiro donde los líderes de grupos juveniles tienen la oportunidad de reavivar su fe y son capacitados para dirigir a sus compañeros a través de las catequesis. Éstas constituyen la segunda fase del programa. El encuentro incluye experiencias de oración, celebraciones litúrgicas y catequesis varias. Sin embargo, el núcleo de todo el programa son las sesiones de catequesis que se mantienen durante todo el año para los diferentes grupos juveniles de las parroquias. Tanto el encuentro como las catequesis a nivel de grupo parroquial son conducidos por jóvenes.

Agua y fuego

Comienzos

Water and Fire” nació de la necesidad de ayudar a la gente joven a conocer mejor su fe y a consolidarse en ella. Los jóvenes católicos sienten la necesidad de profundizar su fe y su compromiso con Cristo para luego poder ser capaces de conectar sus creencias con su modo de vivir. La Iglesia en Zambia a varios niveles se preocupa mucho por la formación de los jóvenes.

A raíz de esto, el Departamento de Catequesis de la Diócesis de Mongu, encabezado por la Hna. Kandy Mancilla, Misionera Comboniana, afrontó este reto y llamó a animadores juveniles, padres, religiosos y gente joven para unirse a esta empresa a favor de la juventud. Se creó un equipo para buscar nuevos caminos para acompañar la experiencia de fe de la gente joven.

El mensaje del Papa Benedicto XVI para el Encuentro Mundial de la Juventud del 2008, sirvió al equipo como inspiración para el tema central: Los sacramentos de la iniciación cristiana. Y al cabo de un año intenso de trabajo, un conjunto de trece catequesis, diseñadas con mucha creatividad, nació con el nombre de “Water and Fire”.

Agua y fuego

Jóvenes evangelizando

El programa ha contado, desde sus comienzos, con la participación de los jóvenes. Además, capacita a los jóvenes bautizados para que sean los propios facilitadores del programa. En las diferentes sesiones se incluyen juegos, discusiones, oraciones y lecturas de la Biblia; al mismo tiempo, ofrece un buen y sólido material adaptado al espíritu de la juventud.

Muchos jóvenes en la diócesis de Mongu se plantean el reto de cómo llegar a sus compañeros que están alejados de la Iglesia o a los que nunca han sido invitados a celebrar la fe. Algunos puede que no conozcan nada de Jesús y nunca hayan tenido la oportunidad de que alguien se lo presente. El programa está ayudando a los jóvenes a ser los agentes de evangelización de la juventud.

Water and Fire” en la parroquia Saint Agatha

Este itinerario de fe ha tocado la vida de muchos en las diferentes parroquias de la diócesis, entre ellas Saint Agatha. Esto es lo que precisamente Imbula Akatumwa expresa: “Water and Fire” está produciendo un impacto en nuestra parroquia. El número de jóvenes en Saint Agatha sube cuando escuchan que vamos a tener una sesión de “Water and Fire”. Veo un cambio de actitud hacia los temas relacionados con la fe”. En la misma línea, Martin Wabusa, líder del grupo confirma: “El tema sobre la Eucaristía que tocamos recientemente nos ha ayudado a entender el amor de Cristo; su sacrificio nos da la fuerza para vivir nuestra vida en clave de donación de uno mismo. No es fácil, pero si quiero ser auténtico con el Jesús que recibo en la Eucaristía, esto es lo que tengo que hacer”.

Algunos de nosotros fuimos bautizados cuando éramos bebés” –añade Imbula- “y no hemos conocido mucho nuestra fe; “Water and Fire” está ahora ayudándonos a profundizar la fe recibida y, ¡tiene sentido! Es maravilloso poder explicar lo que uno cree. El programa ha fortalecido mi fe y ha dado respuestas a muchas de mis preguntas”.

El grupo juvenil de la parroquia Saint Agatha ha incorporado algunos cambios estratégicos para poder atraer a más jóvenes. “Las catequesis de “Water and Fire” se hacen una vez al mes” –dice Martin- “Los facilitadores somos nosotros mismos. Al inicio lo hacíamos en la parroquia pero ahora hemos empezado a visitar una sección de la parroquia cada mes. La catequesis se hace en las casas de nuestros jóvenes, en medio de la vida del barrio”… “muchos otros jóvenes se están uniendo a nuestro grupo” –explica Imbula- “Es una ocasión para invitar a los que rara vez aparecen por la iglesia. Normalmente los jóvenes no participan mucho en las actividades de la Iglesia porque no conocen el don del Espíritu Santo que han recibido en los sacramentos. Pero ahora, gracias a este programa de evangelización juvenil, fe y compromiso están creciendo entre la juventud en la parroquia de Saint Agatha”.

 

Jorge y Alexia

Nunca hubiéramos imaginado cuando estábamos en Etiopia hace dos años, de luna de miel tras nuestra boda, que gracias al Padre Adelmo, comboniano que venía a celebrar la misa todos los días a la comunidad de las hermanas con las que estábamos trabajando, que nos íbamos a “enganchar” tanto a esta Congregación.

Fue allí en Etiopia donde descubrimos de “puntillas”, una nueva forma de vivir con el pueblo africano, y gracias a la Hermana Lola, que con gran entusiasmo nos mostró los proyectos de capacitación de mujeres que llevaba hacia delante, y al Padre Adelmo, nos quedamos con la sensación de que merecería mucho la pena realizar una experiencia con los/las Combonianos/as.

 

Alexia

Debió ser una sensación muy buena, porque al pasar un año, Dios nos puso en el mismo sitio y en el mismo lugar, a otras dos hermanas, pero ahora en Madrid, y en la propia casa provincial de las Combonianas. En ese momento, Elvira y Expedita, que de aquí en adelante se convertirán en nuestras “madrinas misioneras”, nos invitaron a vivir una experiencia de misión Comboniana. Al final, nuestro destino parecía claro, y aunque nosotros queríamos ir a un país de habla española, Dios de nuevo con la ayuda de Elvira, enamorada de su Mozambique, quisieron que fuéramos a este país durante tres meses. Y nosotros por supuesto, aceptamos encantados.

Llegamos a Nampula a la casa provincial después de un cansado viaje desde Malawi, y desde que pusimos el pie en esta casa, hasta que salimos de ella tres meses después, la sensación fue de sentirnos a gusto y bien ACOGIDOS por parte de todas las hermanas con las que compartiríamos esta experiencia. Una ACOGIDA con mayúsculas, pero sencilla, sin muchas ceremonias, haciéndonos sentir parte de allí, como si ya nos conociéramos aunque hiciera pocos minutos de encontrarnos. Después de un tiempo con ellas, una de las hermanas, nos dijo que la manera de acoger de las Combonianas la han aprendido del pueblo, porque a ellas, a los demás, el pueblo las acoge así, con lo mucho o poco que tienen pero sin reservas. Esto sería el primero de muchos aprendizajes vitales que nos hemos traído en la mochila de nuestra experiencia.

 

Alexia

De Nampula, fuimos a Alua, la misión donde permaneceríamos hasta nuestra marcha allá por diciembre. Llegamos de noche, y no pudimos ver hasta el día siguiente lo bonito del lugar en el que estábamos. Un lugar lleno de palmeras, debajo de las cuales se respiraba VIDA, gente yendo y viniendo al hospital, a la escuela, al santuario….lleno de VIDA y de tranquilidad a la vez, alejados de la ciudad y sin muchas de las comodidades a las que estamos acostumbrados, pero que en ningún momento echamos en falta, lo que nos hizo ser más libres.

Dentro de la misión las hermanas tienen lo que allí llaman un Lar, que significa hogar, y que es un internado para chicas con pocas posibilidades, que viven lejos de la escuela y que tienen que vivir aquí durante el curso escolar. Y allí comenzó nuestro trabajo, pasando tiempo con las 36 chicas que allí había, estudiando, jugando, o simplemente hablando y compartiendo su día a día. Volvimos a sentir la gran acogida que las propias chicas nos hicieron y permitió que en el mes y pico que estuvimos con ellas, nos sintiéramos de nuevo en casa. También nos dimos cuenta de la “pobreza” de la educación, de lo que es para estas chicas el no saber nada, ni lo más mínimo, hasta creer que no son capaces de aprender. A su vez también nos impresionaron las ganas infinitas de saber, de conocer y de estudiar de la mayoría de ellas.

 

Jorge

Mientras realizábamos este trabajo en el Lar, compartíamos nuestro día a día con las hermanas: comíamos, rezábamos, charlábamos por la noche bajo las estrellas, y en estos tiempos, compartíamos todas nuestras inquietudes, dificultades, alegrías, penas, y nos admirábamos de que a pesar de la diferencia de edad, de país de origen, de todas las diferencias que había entre nosotros, nos encontrábamos cerca unos de otras. Y gracias a que las hermanas llevan muchos años por aquellas tierras con el pueblo, nos contaban todo lo que nosotros no sabíamos, ni podíamos aprender en el poco tiempo que estuvimos.

Además del trabajo en el Lar, participamos del proyecto de niños desnutridos, donde el problema del hambre nos dio una buena bofetada, al ver como los bebes llegaban en los huesos en brazos de sus madres o abuelas, para conseguir algo de leche o papilla. A pesar de la dureza de estar ante estas situaciones, también fueron muchas las alegrías cuando al pesar a los mismos bebes que llegaron, comprobábamos que engordaban, aunque solo fuera unos gramos, y así esperábamos con ilusión cada lunes a que aparecieran en brazos Lourdes, Faustino o Aureliano, para comprobar que seguían engordando.

Cuando las chicas del lar se fueron de vacaciones, comenzamos a visitar otras comunidades de Combonianas para conocer otros proyectos y la vida en otras misiones. En Alua se nos propuso abrir por las mañanas una guardería/preescolar para enseñar un poquito de portugués a los peques y por la tarde enseñar a leer y dar clases de matemáticas a chicos y chicas mayores que vivían cerca de la misión y lo necesitaban. De nuevo este trabajo nos encantó, y pudimos compartir muchas alegrías con los más pequeños cuando gritaban una canción, o con los mayores, viendo como aprendían a leer, y hacían sumas y restas. Además era muy bonito conocer a todos los niños de la zona y que cuando paseábamos por la misión todos nos saludasen encantados.

Y así transcurrió nuestra experiencia de la que podíamos contar mil y una cosas, aunque nos vamos a detener a compartir con vosotros lo que nos traemos en la mochila para la VIDA:

  • Lo primero, el saber ACOGER con lo que uno tiene para que el otro se sienta en casa.

  • Saber que el Reino también está allí, en Mozambique o en cualquier otro lugar de misión, a través de mujeres y hombres que dan VIDA allá donde estén.

  • Que también hay otra Iglesia más cercana al pueblo, que se plantea las incoherencias de sus actos y que trabaja la primera para mejorar en la medida de lo posible las vidas de los otros.

  • La necesidad de vocaciones misioneras para llevar a cabo el trabajo de misión, porque a pesar de las misioneras (para nosotros “supermujeres”) el trabajo es mucho, y a lo mejor hay que plantearse la corresponsabilidad de los laicos con las misiones y nuestro papel en ellas.

  • Como siempre en estas experiencias, nos damos cuenta de nuestro exceso de necesidades que llamamos vitales en nuestro primer mundo, y de lo incoherentes que somos con el evangelio en el momento en que ponemos el pie en Europa.

  • La riqueza humana que nos llevamos al haber compartido con las hermanas, hermanos y padres Combonianos este tiempo. Algunas han conseguido meterse en nuestros corazones y hacerse un hueco muy especial donde poder mirarnos y aprender.

  • Y ya para terminar agradecer a Dios y a “nuestras madrinas” el haber hecho de esta experiencia algo único.

 

Roberto

La experiencia en Etiopía, creo que me ha ayudado a crecer en, humildad, paciencia, conocimientos, comprensión, compañerismo, confianza en el prójimo, fe en Dios, amor a las personas, obediencia (y éste era un tema complicado), dominio de mí mismo, capacidad de expresión, capacidad pedagógica, idiomas, observación, pensamiento crítico, valoración del esfuerzo y amor a la naturaleza.

Siento que me ha ayudado a despojarme de mi presunción, ciertos relativismos, necesidades superfluas y prejuicios.

Es difícil resumirlo, pero creo que estos cambios en mí son el resultado de haber visto la realidad africana y experimentado la vida en una comunidad misionera, aunque sólo fuera en una versión reducida.

Recuerdo con nostalgia algunos momentos, como, cuando durante la fiesta que coincidió con nuestra estancia en Mandura, la famosa fiesta del pájaro: fui a sentarme un rato junto a Maru, la Misionera Comboniana mexicana que llevaba allí ya más de un lustro al cargo de la misión y del desarrollo de su (cada vez menos) pequeña clínica. Me pareció admirable, en todos los sentidos y en todas las direcciones, ver cómo las mujeres de la zona que iban llegando a la fiesta se acercaban a saludarla con aprecio y cariño. Igualmente, la propia Maru se acercaba a unas y otras; todo el mundo tenía un momento de atención para ella; su voz y su opinión eran respetadas porque la gente sabía cuántos años de trabajo y esfuerzo estaba dedicando al desarrollo de su propia comunidad. Aquel fue el momento de coordinar proyectos en marcha, teorizar sobre los pendientes y tener unas palabras de amor y respeto con cada persona. Me impresionó profundamente.


Roberto


Importancia de Dios en esta experiencia

Quizá el modo más claro de explicar algo sobre Dios y mi vida, sea recordando un lo siguiente: una noche salí a acompañar a un padre Comboniano y los jóvenes catequistas de su grupo a la reunión semanal que tienen en una de las pequeñas aldeas, junto a la carretera. Esta aldea había sido escenario de episodios violentos en los últimos meses entre los vecinos, incluido algún homicidio. Aquel había sido día de mercado y los ánimos estaban algo excitados por los negocios del día y las copas de la noche. El ambiente en el pueblo no era bueno, la gente se relacionaba en grupos cerrados y pude escuchar alguna riña. Los catequistas estaban algo apurados por mí, temían que algún vecino me dijera alguna impertinencia y yo me molestase. Pero yo me limité a seguirles, a poner cara de payaso blanco a los niños y de blanco conciliador a los adultos, invitando a todo el mundo a la reunión posterior en la precaria capilla de cañas y techo de zinc.


Cuando llegó la gente a la reunión, yo me senté entre ellos, al fondo de la capilla, lo cual sorprendió a más de uno. La capilla estaba llena y había problemas para acomodarse. Se trataba de una ceremonia especial para los catecúmenos, la gente que se estaba preparando para el bautismo. Especial quiere decir que era de larga duración, con muchas lecturas y cantos. Al cabo de un tiempo la gente seguía la ceremonia con interés, incluidos los niños, atentos a las palabras del sacerdote y de los catequistas, que se turnaban la linterna para poder leer. Entonces fue la primera vez desde que llegué a esa aldea que pude vivir la paz. Entendí que Dios estaba presente en esa capilla, en cada uno de nosotros y en todos a la vez. Entendí que Dios era necesario en esa aldea, en esa capilla y en mí.

Importancia de la MISION

Ahora que han pasado casi tres meses desde nuestra vuelta estoy empezando a descifrar lo que me pasaba por la cabeza y el corazón y pensando todo lo vivido. Creo que la MISIÓN puede continuar perfectamente en la distancia. Es la ventaja de nuestro mundo. Hay muchas formas de apoyar a la misión y aún debo descubrir cuál es la más adecuada a mis posibilidades y mis capacidades. Está la vía económica, la material, la educativa, la activista; etc. etc.
Me ha sorprendido la cantidad de actividades que pueden desarrollar grupos de sólo cuatro o cinco misioneras o misioneros.

Creo que nuestra misión en Europa es extender entre nuestros allegados: familia, amigos, en el trabajo, en todas partes; el lema de Comboni: "Salvar África con África".
Este lema es, para mí, el resumen de muchas ideas: la injusticia en el reparto de las riquezas; la dignidad de los africanos, tantas veces pisoteada; la inutilidad de tantos lujos occidentales que significan más penuria para los que ya son pobres; la validez de los modelos vitales africanos, etc.
Animo a quienes deseen hacer este tipo de experiencia a que no lo duden y se pongan en camino.

 

 

Mercedes

Mi experiencia en Etiopia ha sido algo increíble e inolvidable, llena de recuerdos imposibles de borrar jamás: el rostro de Hanna, una niñita de apenas dos años que conocí en Debre-Marcos; las mañanas en la farmacia con Gabri (un niño ingresado en la clínica) a mi lado; una noche de luna llena en Dongorá (sur de Etiopia); la palabra, Lachimusa (gracias en lengua Gumuz).
Resumiendo, si tengo que quedarme con algo, me quedo con el pueblo africano en su conjunto, con su amabilidad, su acogida, su sencillez, su capacidad de superación día a día y su enseñanza de que se puede vivir feliz con mucho menos de lo que estamos acostumbrados en Europa.

Mercedes



Reencuentro con Dios: he experimentado un reencuentro con Dios, antes de mi viaje estaba algo distanciada del Señor y allí me he dado cuenta de que Él nunca me abandona por mucho que yo me aparte de su camino.

Para otros jóvenes: deseo animar a los jóvenes a que hagan este tipo de experiencias, que no duden, que va a ser algo que jamás van a olvidar y que les va a ayudar a ver su vida desde otro punto de vista y también les va a ayudar a conocer realidades muy diferentes.

Desde mi vuelta a España: Ahora aprecio muchísimo mas y valoro mucho mas el trabajo de las misioneras, ante ellas debo decir que me quito el sombrero porque son increíbles, te dan todo lo que tienen, te acogen...todo siempre con una sonrisa en la
cara y todo a pesar de las dificultades que tienen que pasar. Creo que su trabajo es digno de admiración y por ello espero después de esta experiencia, como joven en Europa,  ser una buena testigo de ellas y ellos entre mi gente y así dar a conocer a más gente toda su entrega y dedicación.

Mercedes Isabel Cruz Hidalgo

Ángel

Han pasado casi tres años desde que estuve de voluntariado con las misioneras Combonianas, parece que ha pasado un siglo, y sin embargo sigo recordando cada detalle como si lo hubiera vivido ayer.

Mi testimonio no puede ser más que de gratitud, de admiración, de profundo cariño para con las personas con las que conviví. Estar en Korogocho (Kenya) con las misioneras Combonianas me cambió radicalmente la vida.


Cada hermana peleaba duro por sacar adelante su proyecto: la hermana Sandra dirigiendo el dispensario – siempre a rebosar, la hermana Celine con los programas de becas a niños y con la pastoral, la hermana Encarnita con el programa de Salud para Korogocho, la hermana Kevin promoviendo a las mujeres… y todo ello dando aliento a los más pobres, y batallando contra el vendaval de dificultades que nos encontrábamos día a día. No me siento capaz de explicarlo, son muchos los detalles que una mentalidad española no sería capaz de deducir por sí sola. Cuando recuerdo mis días allí ahora comprendo que fui una carga añadida más, sin embargo se me acogió y se me proporcionó un aprendizaje.


Mi vida ahora sigue en África, Etiopía. Ahora trabajo para AECID (Cooperación española), si estoy aquí seguramente lo debo a mi experiencia del pasado, y bueno, aunque mi labor sea muy diferente a la que realizaba en Korogocho, con un fuerte componente de burocracia, siempre que me fallan las fuerzas o empiezo a pensar que mi trabajo y todo esto de la cooperación no tiene sentido me basta con recordar lo vivido, recordar a la misionera luchadora cargada de valores y cargada de luz. Para mí la misión comboniana en la que estuve es el símbolo de la esencia de la cooperación, no es posible que exista este abismo tan enorme entre nuestros mundos, no podemos aceptar que haya personas que viven en la miseria más absoluta, no es justo.


Desde AECID concentramos nuestras energías en el aspecto técnico del desarrollo, manejamos un amplio presupuesto y libramos batallas a nivel ideológico con una visión de escala nacional, algo muy alejado cuando se está al pie del cañón con la gente, en el terreno; no puedo evitar echarlo de menos de vez en cuando. También echo de menos la austeridad con la que convivíamos, la sencillez de las comidas, la organización tan perfecta, lo saludable que era todo aquello.

Tengo una amiga que trabaja en una ONGD en Etiopía que tuvo una experiencia parecida a la mía con los salesianos de Togo, una vez me dijo que le costaría volver, pero que nunca como entonces se sintió más cerca de Dios, he de reconocer que no soy creyente, sin embargo no pude evitar compartir esa extraña y perturbadora sensación.

Ángel Chica Sánchez

 

 

Loreta y Anna

Loreta y Anna empiezan el postulantado, o sea, la formación en la Congregación de las misioneras Combonianas. A continuación transcribimos lo que expresaron durante la oración de envío.

Anna

En estos años este evangelio se ha enlazado con mi vida. He vivido el cansancio debido a la necesidad continua de "sacar agua "del pozo, de diversos pozos, sin lograr apagar mi sed. Siempre he vivido buscando algo o a alguien que llenasen mi vida y le diesen un sentido pleno. En muchas ocasiones el Señor ha estado allí, esperándome, pero yo siempre le he ignorado. Hace pocos años que he decidido encontrarle, con la disponibilidad de escucharle.

Poco a poco Él mismo ha echo que naciera en mí el deseo de su Amor, un Amor deseado y recibido mas allá de toda expectativa. He encontrado a Dios dentro de mí, y en este encuentro ha surgido alegría, un sentido de plenitud que nunca he experimentado.

He encontrado a Dios y Dios me ha llevado a encontrar la verdad en mi corazón y en mi vida.

Hoy agradezco al Señor porque me ha conducido en el camino que me ha llevado a desear y vivir el don de su Amor. He empezado este camino de postulantado con la voluntad y la necesidad de que se fortalezca este encuentro con el Señor, única fuente de "agua viva"; Juan, 4, 7-15 / 23-26

Las Bodas de Caná “ Juan 2, 1-11



Haced lo que Él os diga”

Ésta es la frase que más que otras me acompaña en este camino desde su principio. Camino de descubrimiento de lo justo para mi vida.

En Troia, el la casa de los Combonianos, hay una capilla bonita y, pronto al entrar, se puede ver la pintura de la Virgen María y a su lado leer esta frase.

Siempre me ha gustado rezar en este lugar, pero nunca me había fijado en esta cita como pasó un día que fue allí después de volver de mi experiencia bonita en África. Este viaje me había turbado y quería entender que era lo que me sugería.

Estando en la capilla rogaba al Señor que me dijera qué quería de mi vida… al levantar los ojos vi, impresa en la pared la respuesta que buscaba:

combonianas

Loretta

 

Haced lo que Él os diga”

A una invitación tan clara y directa ¿cómo podría contestar?

Y ahora aquí estoy, empiezo este camino junto con Él, buscando la felicidad y probando a dar sabores y colores nuevos a mi vida.

¿Por qué he elegido esta Palabra? ¿Por qué me presento ante Dios y vosotras como un vaso de agua?

Jesús en Caná dice: “Llenad de agua las tinajas”… no quiere hacer una magia llegándolas desde la nada, Él quiere partir desde algo que ya está: EL AGUA… elemento sin olor, sin color y sin sabor. Pariendo del agua Él la “convierte” en vino, bebida que, en cambio, tiene un olor, un color y un sabor preciso y, sobre todo, bebida que, como aquí alguien dice, bebida que hace bien al corazón y a la mente, que llena de alegría, por esto es elegida como bebida para una boda, para todas las fiestas.

Aquel día al la boda había VINO BUONO en abundancia”

Me presento al Señor como agua que Él pueda convertir en vino, ¡ojala “EN EL BUENO”! como dice el maestresala. Aquel vino que, en su mesa, se vuelve en su Sangre dado a nosotras y a todo el mundo sin medida. Para que también yo, convertida de Él, pueda ser capaz de ofrecerme con alegría u plenitud a los demás.

MI EXPERIENCIA EN ETIOPIA

Mi nombre es María, soy estudiante ya en el último curso de Derecho y Economía; este verano estuve en Etiopía, en la misión de Teticha, y, en medio de aquellas preciosas montañas, pude conocer la gran labor que lleva a cabo la misión, y sobre todo, disfrutar de ella, así como de sus paisajes, olores, sabores…pero sobre todo de su gente…

Es muy difícil describir así, en unas pocas líneas, los sentimientos que me provoca el simple hecho de recordar el tiempo que he pasado allí, porque simplemente, me ha convertido en otra persona muy distinta a la que era cuando cogí el avión desde Madrid.

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No solo en mi forma de pensar, sino también mi forma de sentir, aprecio mucho más unas cosas y sin embargo, le doy menos importancia a otros detalles que, probablemente antes jugaban un papel esencial en mi vida.

Al principio, cuando me surgió esta oportunidad, muchas de las personas que me rodean no apoyaron esta idea; me hacían la siguiente pregunta “¿Y por qué quieres ir ahí? ¿Qué hay en África que te pueda interesar?, no puedes aprender nada y encima es peligroso”

Pues bien, se equivocaron, y muy probablemente haya aprendido algo que ninguno de ellos lo hará jamás:

Lo primero que aprendí de todo fue a quererme y aceptarme a mí misma tal y como soy; todos ellos allí lo hicieron desde un principio, he conocido a gente maravillosa, desde las Hermanas Olga, Conchita, Luciana y Carol, que, para mí, son sobre todo, como mis propias hermanas, me transmitieron la paz que ellas tienen dentro cuando yo más la necesitaba y me enseñaron a quererme, hasta a todos aquellos amigos y gente que conocí allí, que me aceptaron tal y como yo soy, y me expresaron su cariño desde el primer momento en que llegué. Nunca antes había conocido unas personas tan acogedoras, sencillas y generosas. Desde el momento en que llegué sentí que estaba en mi casa, y todas las personas que estaban en mi día a día así me lo demostraron, no solo las Hermanas, sino también los Padres y los propios trabajadores de la zona, para mi eran como mi familia y es imposible expresar el amor y cariño que les tengo a todos ellos.

combonianas

Otra de las cosas que aprendí fue que realmente, no se necesita mucho para ser feliz, con sus más y sus menos, la gente de allí es feliz, en Europa todos pensamos que allí únicamente conocen el sufrimiento, y muchas veces, queremos imponer nuestras formas de vida e incluso nuestra cultura, llena de tecnologías, consumo…etc., pensando que esto solo puede suponer una mejora en las condiciones de vida, pero no es necesariamente así, sino que todo puede compaginarse para evitar precisamente esto: la homogeneidad. Cada país, continente, es distinto y no por ello uno debe imponerse a otros.

Pero…realmente, lo que más profundo me ha llegado ha sido el hecho de ver la alegría de toda aquella gente por el simple hecho de que yo haya pasado allí un tiempo con ellos, que les haya aceptado como son, con sus costumbres, incluso que yo misma las haya seguido, comiendo del mismo plato con ellos, llevando sus natalas…hablando con ellos o, muchas veces, dado que no siempre nos entendíamos, simplemente dándoles un abrazo o cogiéndoles de las manos, dedicándoles un poco de tiempo, con todo el cariño del mundo.

Cuando regresé a España, mi familia fue la primera en darse cuenta, pero no la única, mucha gente me ha dicho a lo largo de este tiempo que he cambiado, que me he vuelto más madura, más serena y con las ideas más claras, que tengo una sensibilidad muy diferente a la que tiene hoy en día la gente, especialmente la gente joven como yo.

Esto sin embargo, no ha gustado a todos, y mucha gente se ha alejado de mí porque “chocaba” con sus valores, no pueden entender como allí, y no encuentro otras palabras para terminar esta carta, yo fui FELIZ, tanto, que espero poder volver a ver muy pronto a todas aquellas personas y compartir con ellas todo lo que tenga.

 

 

Beatriz después de su experiencia en Zambia

Levántate, amor mío, hermosa mía y vente”

No lo puedo evitar: quiero tenerlo siempre todo bien atado, calculado, planificado, previsto. Mi experiencia en Zambia también iba a ser así, hasta que Dios me desbarató los planes y me hizo viajar de una manera que yo nunca planeé. Realmente, me había estado preparando a conciencia todo el año porque quería llegar a África llena, con un millón de cosas que dar, alegre, feliz… y de repente me encontré con que Dios me metía en el avión confundida, perdida, cansada. No acababa de creerme que iba enviada a la misión, ni siquiera sabía para qué iba, ni si yo estaba en condiciones de aceptar ninguna “misión”. Lo único a lo que me agarré fue a esos versos del Cantar de los Cantares y me lancé confiada.

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Desaprendí todo lo aprendido, me desplanifiqué y acepté lo imprevisto. Aterricé en Zambia y sentí que era como volver a casa, aunque nunca hubiera estado antes allí. Cada día era una sorpresa, un regalo que Dios me envolvía entre la gente de Mongu y Kalabo. No se trataba de que yo confiara en Dios, es que Él confiaba en mí y me quería en ese sitio, independientemente de que yo alcanzara a entenderlo. Mimada, querida, bendecida desde que me levantaba. Y no importaba si a veces me caía, Él siempre estaba ahí para levantarme y susurrarme “ven”.

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Cuando me senté en el avión que despegaría de Lusaka, dos meses después de haber llegado, hice pasar en mi cabeza todo lo visto y vivido en Zambia: la alegría y el compromiso de las hermanas, los sueños de las mujeres, la fe, las sonrisas de la gente, su hospitalidad, la sencillez del día a día. Me hubiera gustado tener un millón de manos para alcanzar todas las heridas que vi, me hubiera gustado quedarme y permanecer, me hubiera gustado seguir trabajando codo con codo con la gente de allí, me… ¡qué difícil resulta a veces aceptar los ritmos de Dios y dejar de querer controlarlo todo! Y, a pesar de todas esas heridas y situaciones que me desbordaban, me quedo con la convicción de que vale la pena luchar contra la injusticia, de que aún hay tiempo de soñar, de que es posible construir una sociedad distinta… y con la experiencia íntima de que el Amor sana nuestras vidas desde lo más profundo.


Nitumezi, Mulena!

Luka bonana, Zambia!

(¡Gracias, Señor! ¡Hasta luego, Zambia!)