Queridos Jóvenes:
Hace unos meses llegamos a España Expedita y Elvira; hemos venido para iniciar un nuevo servicio con vosotros. Se nos ha pedido dejar el pueblo con el cual compartíamos nuestra vida y nuestra Fe en África, para hacerlo ahora en esta Iglesia Española.
Estamos convencidas que “misión” es dar y recibir. Y con esta certeza nos gustaría poder hacer esta parte de nuestro camino con vosotros, con la esperanza de enriquecernos mutuamente e enriquecer toda a la Iglesia.
Si vosotros lo deseáis también, os invitamos a poneros en contacto con nosotras. Nuestra dirección es:
Misioneras Combonianas
C/ Julia Balenchana, 4-6
28033 Madrid
Telf.: 91 300 22 78
E-mail: ovcombo@yahoo.es

Hna. Expedita Pérez León
Española
Misionera en Sudán

Hna. Elvira Estrada González
Mexicana
Misionera en Mozambique
Próximas actividades
NUEVA PROPUESTA: RETIRO PARA JÒVENES
Deseamos ofrecer a los jóvenes interesados un itinerario para crecer en la Fe y en la dimensión misionera de ésta. Proponemos encuentros mensuales con un programa de oración, catequesis y de testimonios misioneros.
De forma sistemática presentaremos la necesidad del diálogo con las otras culturas y religiones, la opción por los pobres y la acogida de los inmigrantes del SUR DEL MUNDO.

El Acompañamiento Espiritual que ofrecemos a los jóvenes que lo deseen es un momento privilegiado de intercambio de pareceres para crecer en la Fe, en el conocimiento más profundo de sí mismo y de la Voluntad de Dios en nuestras vidas.
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ENCUENTROS
Reserva un domingo al mes para el Encuentro: Marzo: día 28,
Abril: día 25,
Junio: día 5
Lugar:
Misioneras Combonianas
c/ Julia Balenchana, 4-6 (a la altura de Arturo Soria,226)
Tel. 91 300 22 78
28033 Madrid
Para mayor información, contacta con las Hnas. Expedita Pérez ( expeditaperez@gmail.com y Elvira Estrada (elvira_moz@yahoo.com.mx)
¡Te esperamos!


Loreta y Anna
Loreta y Anna empiezan el postulantado, o sea, la formación en la Congregación de las misioneras Combonianas. A continuación transcribimos lo que expresaron durante la oración de envío.

Anna
En estos años este evangelio se ha enlazado con mi vida. He vivido el cansancio debido a la necesidad continua de "sacar agua "del pozo, de diversos pozos, sin lograr apagar mi sed. Siempre he vivido buscando algo o a alguien que llenasen mi vida y le diesen un sentido pleno. En muchas ocasiones el Señor ha estado allí, esperándome, pero yo siempre le he ignorado. Hace pocos años que he decidido encontrarle, con la disponibilidad de escucharle.
Poco a poco Él mismo ha echo que naciera en mí el deseo de su Amor, un Amor deseado y recibido mas allá de toda expectativa. He encontrado a Dios dentro de mí, y en este encuentro ha surgido alegría, un sentido de plenitud que nunca he experimentado.
He encontrado a Dios y Dios me ha llevado a encontrar la verdad en mi corazón y en mi vida.
Hoy agradezco al Señor porque me ha conducido en el camino que me ha llevado a desear y vivir el don de su Amor. He empezado este camino de postulantado con la voluntad y la necesidad de que se fortalezca este encuentro con el Señor, única fuente de "agua viva"; Juan, 4, 7-15 / 23-26
“Las Bodas de Caná “ Juan 2, 1-11
“Haced lo que Él os diga”
Ésta es la frase que más que otras me acompaña en este camino desde su principio. Camino de descubrimiento de lo justo para mi vida.
En Troia, el la casa de los Combonianos, hay una capilla bonita y, pronto al entrar, se puede ver la pintura de la Virgen María y a su lado leer esta frase.
Siempre me ha gustado rezar en este lugar, pero nunca me había fijado en esta cita como pasó un día que fue allí después de volver de mi experiencia bonita en África. Este viaje me había turbado y quería entender que era lo que me sugería.
Estando en la capilla rogaba al Señor que me dijera qué quería de mi vida… al levantar los ojos vi, impresa en la pared la respuesta que buscaba:

Loretta
“Haced lo que Él os diga”
A una invitación tan clara y directa ¿cómo podría contestar?
Y ahora aquí estoy, empiezo este camino junto con Él, buscando la felicidad y probando a dar sabores y colores nuevos a mi vida.
¿Por qué he elegido esta Palabra? ¿Por qué me presento ante Dios y vosotras como un vaso de agua?
Jesús en Caná dice: “Llenad de agua las tinajas”… no quiere hacer una magia llegándolas desde la nada, Él quiere partir desde algo que ya está: EL AGUA… elemento sin olor, sin color y sin sabor. Pariendo del agua Él la “convierte” en vino, bebida que, en cambio, tiene un olor, un color y un sabor preciso y, sobre todo, bebida que, como aquí alguien dice, bebida que hace bien al corazón y a la mente, que llena de alegría, por esto es elegida como bebida para una boda, para todas las fiestas.
“Aquel día al la boda había VINO BUONO en abundancia”
Me presento al Señor como agua que Él pueda convertir en vino, ¡ojala “EN EL BUENO”! como dice el maestresala. Aquel vino que, en su mesa, se vuelve en su Sangre dado a nosotras y a todo el mundo sin medida. Para que también yo, convertida de Él, pueda ser capaz de ofrecerme con alegría u plenitud a los demás.
MI EXPERIENCIA EN ETIOPIA
Mi nombre es María, soy estudiante ya en el último curso de Derecho y Economía; este verano estuve en Etiopía, en la misión de Teticha, y, en medio de aquellas preciosas montañas, pude conocer la gran labor que lleva a cabo la misión, y sobre todo, disfrutar de ella, así como de sus paisajes, olores, sabores…pero sobre todo de su gente…
Es muy difícil describir así, en unas pocas líneas, los sentimientos que me provoca el simple hecho de recordar el tiempo que he pasado allí, porque simplemente, me ha convertido en otra persona muy distinta a la que era cuando cogí el avión desde Madrid.

No solo en mi forma de pensar, sino también mi forma de sentir, aprecio mucho más unas cosas y sin embargo, le doy menos importancia a otros detalles que, probablemente antes jugaban un papel esencial en mi vida.
Al principio, cuando me surgió esta oportunidad, muchas de las personas que me rodean no apoyaron esta idea; me hacían la siguiente pregunta “¿Y por qué quieres ir ahí? ¿Qué hay en África que te pueda interesar?, no puedes aprender nada y encima es peligroso”
Pues bien, se equivocaron, y muy probablemente haya aprendido algo que ninguno de ellos lo hará jamás:
Lo primero que aprendí de todo fue a quererme y aceptarme a mí misma tal y como soy; todos ellos allí lo hicieron desde un principio, he conocido a gente maravillosa, desde las Hermanas Olga, Conchita, Luciana y Carol, que, para mí, son sobre todo, como mis propias hermanas, me transmitieron la paz que ellas tienen dentro cuando yo más la necesitaba y me enseñaron a quererme, hasta a todos aquellos amigos y gente que conocí allí, que me aceptaron tal y como yo soy, y me expresaron su cariño desde el primer momento en que llegué. Nunca antes había conocido unas personas tan acogedoras, sencillas y generosas. Desde el momento en que llegué sentí que estaba en mi casa, y todas las personas que estaban en mi día a día así me lo demostraron, no solo las Hermanas, sino también los Padres y los propios trabajadores de la zona, para mi eran como mi familia y es imposible expresar el amor y cariño que les tengo a todos ellos.

Otra de las cosas que aprendí fue que realmente, no se necesita mucho para ser feliz, con sus más y sus menos, la gente de allí es feliz, en Europa todos pensamos que allí únicamente conocen el sufrimiento, y muchas veces, queremos imponer nuestras formas de vida e incluso nuestra cultura, llena de tecnologías, consumo…etc., pensando que esto solo puede suponer una mejora en las condiciones de vida, pero no es necesariamente así, sino que todo puede compaginarse para evitar precisamente esto: la homogeneidad. Cada país, continente, es distinto y no por ello uno debe imponerse a otros.
Pero…realmente, lo que más profundo me ha llegado ha sido el hecho de ver la alegría de toda aquella gente por el simple hecho de que yo haya pasado allí un tiempo con ellos, que les haya aceptado como son, con sus costumbres, incluso que yo misma las haya seguido, comiendo del mismo plato con ellos, llevando sus natalas…hablando con ellos o, muchas veces, dado que no siempre nos entendíamos, simplemente dándoles un abrazo o cogiéndoles de las manos, dedicándoles un poco de tiempo, con todo el cariño del mundo.
Cuando regresé a España, mi familia fue la primera en darse cuenta, pero no la única, mucha gente me ha dicho a lo largo de este tiempo que he cambiado, que me he vuelto más madura, más serena y con las ideas más claras, que tengo una sensibilidad muy diferente a la que tiene hoy en día la gente, especialmente la gente joven como yo.
Esto sin embargo, no ha gustado a todos, y mucha gente se ha alejado de mí porque “chocaba” con sus valores, no pueden entender como allí, y no encuentro otras palabras para terminar esta carta, yo fui FELIZ, tanto, que espero poder volver a ver muy pronto a todas aquellas personas y compartir con ellas todo lo que tenga.
Beatriz después de su experiencia en Zambia
“Levántate, amor mío, hermosa mía y vente”
No lo puedo evitar: quiero tenerlo siempre todo bien atado, calculado, planificado, previsto. Mi experiencia en Zambia también iba a ser así, hasta que Dios me desbarató los planes y me hizo viajar de una manera que yo nunca planeé. Realmente, me había estado preparando a conciencia todo el año porque quería llegar a África llena, con un millón de cosas que dar, alegre, feliz… y de repente me encontré con que Dios me metía en el avión confundida, perdida, cansada. No acababa de creerme que iba enviada a la misión, ni siquiera sabía para qué iba, ni si yo estaba en condiciones de aceptar ninguna “misión”. Lo único a lo que me agarré fue a esos versos del Cantar de los Cantares y me lancé confiada.

Desaprendí todo lo aprendido, me desplanifiqué y acepté lo imprevisto. Aterricé en Zambia y sentí que era como volver a casa, aunque nunca hubiera estado antes allí. Cada día era una sorpresa, un regalo que Dios me envolvía entre la gente de Mongu y Kalabo. No se trataba de que yo confiara en Dios, es que Él confiaba en mí y me quería en ese sitio, independientemente de que yo alcanzara a entenderlo. Mimada, querida, bendecida desde que me levantaba. Y no importaba si a veces me caía, Él siempre estaba ahí para levantarme y susurrarme “ven”.

Cuando me senté en el avión que despegaría de Lusaka, dos meses después de haber llegado, hice pasar en mi cabeza todo lo visto y vivido en Zambia: la alegría y el compromiso de las hermanas, los sueños de las mujeres, la fe, las sonrisas de la gente, su hospitalidad, la sencillez del día a día. Me hubiera gustado tener un millón de manos para alcanzar todas las heridas que vi, me hubiera gustado quedarme y permanecer, me hubiera gustado seguir trabajando codo con codo con la gente de allí, me… ¡qué difícil resulta a veces aceptar los ritmos de Dios y dejar de querer controlarlo todo! Y, a pesar de todas esas heridas y situaciones que me desbordaban, me quedo con la convicción de que vale la pena luchar contra la injusticia, de que aún hay tiempo de soñar, de que es posible construir una sociedad distinta… y con la experiencia íntima de que el Amor sana nuestras vidas desde lo más profundo.
Nitumezi, Mulena!
Luka bonana, Zambia!
(¡Gracias, Señor! ¡Hasta luego, Zambia!)