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Testimonios

PANORAMICA SOBRE HAITI

Hace apenas unos días que hemos llegado a Haití y los ojos y el espíritu se nos han llenado de las más variadas impresiones y percepciones. La primera de ellas es que después de 6 meses del terremoto todo sigue igual o muy parecido.

iLa “invasión humanitaria” ha sido masiva, muchas ONG trabajan aquí, sobre todo en la capital, pero la desorganización entre ellas es manifiesta y cada una busca su “terreno” en el que situar las tiendas para los desplazados y poner su “bandera”. El dinero que tantos países han distribuido sigue parado en los bancos, sin saber bien el por qué.

El presidente y su gobierno, después de 6 meses no se han hecho ver, no han hablado al pueblo y nadie sabe donde están y quÉ es lo que pretenden con este silencio. Las ruinas siguen ocupando todos los espacios, tal y como sucedió el día del desastre, y nadie se preocupa de desalojarlas.

Querer limpiar los escombros se ha convertido en un asunto de lucro para organizaciones privadas visto que el gobierno no permite que las diferentes ayudan puedan venir con excavadoras a desalojar los escombros. De este modo la gente, con sus medios desplaza con palas lo que puede: piedras y otros materiales y los amontona en la calzada como un modo silencioso de decirle al gobierno, “esto es asunto tuyo”.

iEl terremoto ha destruido ciertamente muchas esperanzas, pero también es verdad que cuando uno ve las calles de Haití tiene la impresión de que la vida surge a borbotones en los gestos cotidianos, en el modo de vivir, en la economía informal que sigue manteniendo las familias.

Los organismos y ONG que han venido a ayudar se están preocupando de los pobres, pero ¿quién ayuda a la clase media que ha visto como en unos minutos perdían lo que habían conseguido con tantos años de sacrificio?

La lista de situaciones negativas podría alargarse pero la vida sigue y hay que mirar al futuro. ¡Y futuro hay tanto aquí en Haití!

En poco tiempo hemos contactado muchas personas y organismos; hemos podido hablar con sacerdotes locales, gente del lugar, con el obispo Joseph Lafontaine, con el P. André Paul Gawaud, responsable de la CHR (Conferencia Haitiana de Religiosos), CON EL P. Jean Hansse, responsable nacional de la comisión eclesial Justicia y Paz, con eL P. Gabriel Blot, profesor en la universidad de Puerto Príncipe y en el seminario nacional. Hemos hablado también con Caritas Italiana y otros organismos internacionales que trabajan aquí.

iTodo ello nos ha permitido hacernos una idea de lo que está sucediendo realmente en el país, y de por donde podrían ir los desafíos de este pueblo y concretamente los desafíos para esta iglesia de Haití.

Después del terremoto la gente sigue aun muy impactada, porque perdió a sus seres queridos de un modo brutal, y en muchos casos por circunstancias diversas, no ha podido aún elaborar sus duelos.

Nos decía el padre Gabriel que quizás por este mismo efecto de shock el pueblo de Haití sigue viviendo como si la vida continuara como antes, se tiene la impresión de que lo que ha sucedido no ha hecho cambiar la mentalidad de las personas, de que no ha habido una reflexión a nivel profundo sobre el estilo y la calidad de vida de su mismo pueblo.

Por todo ello, uno de los desafíos más grandes, según la CHR, no es solamente el de reconstruir el país desde el punto de vista de las estructuras, que es lo que se ve enseguida, el reto mayor es el de reconstruir el hombre y la mujer de Haití, regenerar la persona desde el interior.

El sentir común de todas las personas con las que hemos hablado es que durante años la iglesia jerárquica de Haití ha vivido preocupada por sus propios proyectos.

Los religiosos y religiosas han trabajado mucho pero cada uno en su espacio (escuelas, hospitales…), ha habido poca cercanía al pueblo sencillo, al de los suburbios, de la periferia.

iLa fractura entre ambos era grande y de la noche a la mañana todos se han encontrado viviendo juntos en tiendas de campaña, compartiendo una única suerte, el mismo dolor por sus muertos, y la misma pobreza. Se han visto obligados a vivir juntos.

Las iglesias de piedra cayeron como castillos de naipe, solo los crucifijos al exterior quedaron de pie. Al verlo pareciera que Dios hubiera querido hablar a su pueblo diciéndole: “no quiero sacrificio ni oblación, ni un lugar donde se me ofrezca incienso, quiero la justicia, el derecho para el pobre… quiero estar fuera de esta iglesia, quiero estar aquí con el pueblo”…

El reto para la iglesia es inmenso, porque se trata del desafío de vivir todos juntos, de ser testimonio de la pobreza viviendo pobres con el pueblo pobre, de ser testimonio de esperanza con un pueblo que espera. Es el desafío de la inserción. Desafortunadamente la pasividad de la iglesia y del gobierno en estos momentos cruciales están dando al traste con tantas esperanzas.
¿No será esto un signo de los tiempos que obligue a la iglesia a salir de sus muros para acercarse al pueblo?

El P. Jean Hansse nos comentaba que si en los años 80-90 la imagen bíblica para definir al pueblo de Haití era la del éxodo, hoy día la imagen que lo representa es la del exilio; un pueblo exiliado al interior de sus fronteras. Un pueblo que ve como su gobierno no actúa y que se siente manipulado por gobiernos y ONG extranjeros, que en nombre de la ayuda humanitaria le están diciendo cómo tienen que vivir su destino.

iOtro desafío es el de crear una pastoral de conjunto en el que se puedan unificar las diferentes fuerzas pastorales. Una pastoral en la que todos, clero secular, religiosos, laicos… se sientan parte integrante de una iglesia cercana que quiere ser solidaria con el pueblo, que quiere ser del pueblo. Una pastoral en la que cada uno se sienta co responsable de un proyecto común, el de construir el Reino de Dios. Una iglesia en la que sus líderes serian el buen pastor que cuida con amor y premura al rebaño, una iglesia en la que cada miembro seria el buen samaritano de su prójimo, del pobre, del desvalido.

Estos retos no son los únicos, también está el de la formación del personal religioso, la construcción de una estructura en la que acoger estas personas para que puedan servir más y mejor al pueblo de Haití, y sobre todo el desafío de ponerse de rodillas y rezar juntos humildemente pidiendo perdón y mirando al futuro con esperanza.

Ante el silencio y la pasividad de sus diferentes dirigentes al pueblo se le está terminando la paciencia, ¡que es tanta! El terremoto que está por venir será un terremoto humano mucho peor que el sísmico que vivieron el 12 de enero y con consecuencias impredecibles para la vida de Haití.

Uno de los signos de esperanza pasa por confiar en Dios que guía la historia y en el pueblo de Haití, que sean ellos mismos los que creen y construyan un futuro hecho a su medida.

Escrito en Puerto Príncipe el 7 de julio de 2010 por Raffaella Gritti, Inmaculada Cuesta y María del Prado Fernández. Misioneras Combonianas colaborando en Haití con la Iglesia local, en la parroquia de Léogane.

 

"¿Como podré pagar al Señor todo el bien que me ha hecho....?" Salmo, 115

El domingo día 14 de Marzo tuvo lugar en la casa Provincial de las Misioneras Combonianas en Madrid, un encuentro con motivo de la celebración de los 50 años de presencia de las Combonianas en España; en el cual participaron ex-miembros de la congregación.

iLa jornada inició con la bienvenida por parte de la Provincial sr. Carmen González y la presentación de todas las asistentes, combonianas y ex combonianas que por diversos motivos han dejado la Congregación, le siguió un momento de oración y escucha de la Palabra de Dios y una lectura de S. Daniel Comboni. 

Después sr. Pilar Gilaberte nos presentó un PowerPoint sobre los 50 años de presencia de las Combonianas en España y nos dio una visión general de la congregación en la actualidad a la que siguió un compartir de experiencias. Mas tarde compartimos la Eucaristía y una comida donde todas disfrutamos de una magnifica paella.

En la tarde tuvimos un breve encuentro donde hablamos de la necesidad de seguir reuniéndonos una vez al año, a lo que no llegamos a ninguna conclusión también debido al hecho de que un gran numero de asistentes tuvieron que regresar a sus casas por motivo de trabajo.

Creo que para todas nosotras, que llevábamos un cierto número de años alejadas de la Congregación, este encuentro ha servido para darnos cuenta de que lo vivido en ella y los años de formación nos mantienen unidas y nos da una identidad a pesar de los diferentes rumbos que han tomado nuestras vidas.

iTodas llegamos a la conclusión de que lo dado por la congregación no se ha perdido, al contrario, ha servido para que en nuestros ambientes y en el día a día continuemos a ser "misioneras" y a sentirnos identificadas con el espíritu de Daniel Comboni y la Iglesia Misionera. Quiero dar gracias a Dios por esta jornada de convivencia, porque he experimentado que es El quien sigue guiando nuestras vidas y también gracias a las Hermanas Combonianas que con su bienvenida y atenciones nos han hecho sentir en "casa".

Espero que estas jornadas de convivencia continúen realizándose, haciendo así que nos sintamos una parte mas "activa" de la familia comboniana.

Teresa Vázquez Maira

 

Desde Egipto; ALGO MÁS QUE TURISMO…

Carmen Herrer, la Misionera Comboniana que comparte este viaje con nosotros, ha estado toda su vida en Uganda, Sudán y Oriente Medio; actualmente se encuentra echando una mano a las ancianas y enfermas de la Congregación en la provincia de Egipto, por eso este “viaje regalo”

Queridos todos: ¿Como estáis?
Por mi parte, tuve el grato presente de poder hacer un viaje al alto Egipto para conocer más nuestra provincia misionera de aquí. La ocasión se me presentó con la invitación a participar en la Ordenación sacerdotal del hermano de una de nuestras misioneras Egipcias del pueblo de Garagos (Luxor)  y desde allí viajar a las otras comunidades.
Como creo os gustará saber también algo de este País y de nuestra vida misionera por aquí, he decidido coger algo de tiempo para escribiros unas notas de este viaje, que como veréis no es solo turismo.
 
Viernes 19 marzo: Podíamos haber hecho el viaje directamente en tren desde Alejandría, pero preferimos, una Hermana que conoce bien todos estos lugares y yo, salir desde el Cairo para que el viaje fuese de día.
Salimos pues el día 19  a las 8.00 AM con dirección a Qus que era la estación más próxima a nuestra destinación.
 La belleza del paisaje,  siguiendo la longitud de la Valle del Nilo, es tal, que las 10 horas del viaje se me pasaron sin notarlas, toda extasiada en contemplar el verde maravilloso de los campos, magníficamente cultivados por medio de abundante regadío, con variedad de cereales, cañas de azúcar, alfalfa, hortalizas, frutales, viñas, etc. sin contar con millares de bellísimas palmeras por todas las partes, plataneros, higueras, en fin, casi un paraíso a la vista. y en gran parte, parecería , cultivado a mano. Los campesinos se ven por todas las partes con sus animales y solo con algún tractor, pero el trazado o división de los campos eran de muchas hectáreas y se perdía la vista en toda la anchura del valle por los dos lados de la vía del tren. Se pasa  también por poblaciones importantes  y algunas con varias fabricas modernas inclusive la de azúcar en Quena.
  
Llegamos a Qus a las 6 de la tarde donde nos  esperaba la Hna. Helena, mejicana y unos familiares del nuevo sacerdote que nos llevan en coche hasta Garagos donde tenemos la comunidad junto a la Iglesia Copto-Católica en la que trabajamos, en el centro del pueblo. Allí encontramos con mucha alegría al resto de la comunidad y varios amigos /as que están preparando para la celebración del domingo
Sábado 20  por  la mañana , acompañada de Sor Teresa Yago , nuestra Provincial que también ha venido para la ocasión, visitamos la escuela primaria de la Parroquia, donde por cierto hay un grupo de fotógrafos de la T.V. francesa que está filmando a los niños en el patio, y el ambulatorio, que la Hna. Mª Villar  (Navarrica) lleva de maravillas, sobretodo en la cura de quemados que por aquí son muy comunes, junto a los parásitos, problemas de los ojos y oídos. Después vamos a visitar a tres familias de nuestras hermanas Egipcias Combonianas y por supuesto a la de Sor Nevein y su hermano,  el futuro sacerdote. Todos nos reciben con gran alegría y nos ofrecen lo más precioso para ellos, pan casero recién salido del horno, verdaderamente gustoso e integral. La gente en general es muy pobre aunque si en los últimos años han logrado mejorar sus vidas con el aumento del turismo en esta zona a 30 kms de Luxor y una fabrica de cerámica que gracias a los misioneros/as en los años 50, comenzó a que la gente pudiera vivir algo mejor. En nuestra visita por la tarde, el responsable del taller de cerámica me muestra con satisfacción todos los detalles de la fabricación de la cerámica, o sea, desde la preparación de la masa de arcilla; la tierra la traen de Aswan, a 300 kms, de aquí, por ser de la mejor calidad, como ya lo sabían los antiguos Egipcios y finalmente las piezas de cerámica acabadas y su tienda y almacenes. Obviamente esto es el orgullo del pueblo que por esta razón ha sido visitado hasta por algún rey europeo y otros personajes importantes de quienes cuelgan las fotos en las paredes.
 
iDomingo 21. Todo está pronto para la Ordenación Sacerdotal de Padre Andreaus Labib, que tendrá lugar en la vieja y pequeña Iglesia Copto-católica de Garagos, que ha sido limpiada y adornada esmeradamente para esta ocasión. Se ha preparado también una zona fuera de la Iglesia; los jóvenes han trabajado toda la noche para hacerlo y han puesto una gran pantalla y la megafonía necesaria para que todos los que vengan puedan ver y oír la celebración cómodamente y debo decir que lo han hecho perfectamente. Nota: Aunque si la Iglesia necesita de muchas reparaciones y mejor aun, ser substituida con la construcción de una mayor, esto no es posible por no obtener desde hace años el permiso del Gobierno y hasta una reparación pequeña o mejora en nuestra casa hay que hacerlo de escondidas.
No obstante todo, y con la obligatoria vigilancia de la policía en la puerta, todo procede muy bien y la ordenación sacerdotal de Padre Andreaus, es motivo de gran orgullo y alegría para los cristianos católicos que viven también un día inolvidable junto a su Obispo y varios sacerdotes y Seminaristas de la Diócesis. 
 
Por la tarde tengo la buena ocasión de viajar en coche a Aswan, con los Combonianos que han venido de allí para la celebración. El viaje prefieren hacerlo por la carretera interior del desierto por ser más rápida y sin tantos controles de la policía. De hecho, en el único "police point" y chequeo  que nos hacen, se sorprenden de ver a extranjeros, aunque si el P. Ángel y el chófer les aseguran y tranquilizan diciendo que somos de la Iglesia Católica de Aswan.
La llegada, en tres horas de viaje es muy bonita; aunque si es de noche, la iluminación y reflejos de los hoteles, barcos y  riveras del Río Nilo son muy sugestivas. Nuestra vieja misión se encontraba en sus orígenes, en 1896,  a las afueras, pero ahora al extenderse  la ciudad, ha quedado en la mejor zona de Aswan y junto a la calle-bazar, por cierto toda iluminada y bulliciosa con los turistas y vendedores hasta bien entrada la noche.
 
Lunes 22. Al ir a la Iglesia por la mañana puedo ya ver con claridad esta antigua casa e Iglesia, donde se encierra tanta historia de los orígenes de las Misiones  Combonianas en África Central y donde estuvieron los restos de San Daniel Comboni, (cuando se pudieron sacar de su tumba profanada por los Mahdistas en Khartoum), hasta su traslado a Verona, y también de su sucesor, Mons. Antonio Roveggio, que murió en tren en uno de sus viajes al Sudan.

Después visito la escuela, muy grande abierta y bonita, dedicada a Sta. Teresita del Nino Jesús, actualmente es una de las mejores escuelas de Aswan con sus 970 alumnos, mixta y de los cuales el 75% son cristianos, nubianos en la mayoría, inclusive los profesores. Se ve muy buen nivel y disciplina en las clases aunque si los recreos naturalmente son muy bulliciosos y alegres.

También visito el Ambulatorio, donde la Hna Milagros Ruiz, sevillana, una experta  enfermera en esta parte del país es muy conocida y querida de las numerosas y pobres mujeres que visita sobretodo mamás y niños, todas reciben asistencia pagando lo mínimo.
Después, junto a Elisabetta, una señora Italiana huésped de los padres Combonianos y P. Giovanni, nos encaminamos por la calle del Bazar hasta el Museo Nubio pasando también por la rivera del Nilo, cuya vista es preciosa y donde se ven muchísimos cruceros, barcas típicas de vela y turistas por todas las partes, sin contar con modernísimos edificios de hoteles modernos. Notamos la apertura y amabilidad de la gente Nubia.

El Museo Nubio es una moderna estructura de gran valor que nos prepara muy bien para la excursión que pensamos hacer al día siguiente, a un famosísimo lugar arqueológico de la antigua Nubia comenzando de su historia, cultura y tesoros ya de tiempos antiquísimos y que incluye las tierras tanto de Egipto como del Sudan.

Por la tarde acompañada de Sor Milagros tengo el gusto de poder visitar el Hospital     General donde por muchos años desde su apertura aun en tiempos coloniales, trabajaron nuestras Hermanas, muchas de las cuales están ahora en mi comunidad de ancianas en Alejandría, a las que he oído hablar con mucho cariño y nostalgia de aquellos años. Mientras pasamos por los pasillos la gente parece reconocernos todavía y nos saludan con simpatía y hasta nos invitan, las familias cristianas, a entrar en las habitaciones para saludar y rezar por los enfermos. Saliendo del hospital visitamos también a una pobre familia que vive cerca de allí, con la madre enferma grave y su hija ciega a quienes las hermanas visitan y ayudan regularmente. Nos dicen que los vecinos de  su pobre  piso, son todos musulmanes, muy buenos y respetuosos con ellas.
 
Martes 23, Llega el momento de poder hacer esta  excursión extraordinaria a  "Abu Simbel," dos templos magníficos al lado del Lago Nasser, al extremo sur del País ( unos 300 Km. al sur de Aswan) que fueron rescatados de la inundación del pantano, del lugar mas bajo donde se encontraban originalmente. Todo se presenta como una aventura fuera de lo común.

iNos recoge el microbus de la Agencia, a las 4.30 de la mañana y después de recoger a otros pasajeros nos llevan al lugar en la periferia de la ciudad donde la policía hace el chequeo de todos los vehículos (yo logro contar mas de 50 autobuses) y nos llevan formando una caravana hasta el ultimo chequeo policial a la salida de Aswán,  de la carretera que parece lleva exclusivamente a Abu Simbel. Finalmente a las 5.30 AM se parte. Pasamos por un desierto pero después de ver amanecer puedo ver que en varios puntos hay proyectos de agricultura con irrigación de los canales que salen del pantano o Lago Nasser como le llaman. Se ven hasta viñas, hortalizas y pinos alrededor de esos campos. Finalmente parece que hemos llegado a una urbanización muy moderna con árboles a los lados de la carretera, señalizaciones de Hoteles, Aeropuerto, etc. y después se llega a un parking aunque si no se ve nada de concreto a nuestro alrededor; los conductores nos muestran el lugar de los aseos y después nos indican el sendero por donde se llega a la ventanilla de los billetes y entrada a los Templos. Hay filas enormes de turistas de todo el mundo y un parque verde con jardines para quien quiera quedarse allí a ver el panorama,  o en las tiendas/bazar y restaurantes. Son las 8.30am y nos dan hasta las 10.30 AM  para visitarlos y volver a nuestro coche. Es increíble pero solo después de haber pagado la entrada, detrás de un pequeño montículo, se comienza a ver junto al lago las gigantescas e impresionantes fachadas de los templos; son extraordinarios en su belleza y perfección pero es solo entrando que se puede apreciar su grandeza artística en las esculturas de los colosos de los pasillos y las grabaciones en las paredes.

Contemplando todo aquello una no sabe quien hizo mas, si los artistas/escultores egipcios de la antigüedad  o los modernos arqueólogos de varios países del mundo que colaboraron con los egipcios de hoy para sacar pieza a pieza de los templos, de tantas toneladas cada una del interior del lago, hasta las orillas en alto y volver a reconstruirlos con tal fidelidad y perfección en un plano superior, que parece un milagro lo pudieran realizar.

Saliendo nos tomamos algo de tiempo para desayunar, sentados en la zona de bancos circulares de frente a los Templos, donde dan los espectáculos de noche, de "luz y sonido”. Después siguiendo las flechas nos encaminamos a la salida pasando por muy buen organizado parque /bazar donde es peligroso pararse a mirar; por la tentación de comprar cosas tan caras.

Se regresa a los autocares o microbuses que parten todos a la vez, excepto quien lleve otros planes para pasar el día o pernoctar en algún hotel.

De regreso a Aswan nos llevan antes a otro lugar excepcional, "La Isla de File", un lugar importantísimo  en el pasado, con Templos sagrados, columnas, plaza, templetes de varios estilos y épocas. Obviamente hay que llegar cogiendo una lancha a motor que nos acerca al embarcadero y es de tal hermosura y encanto rodeado por las aguas y con tantos otros islotes que parecen de magia. . La maravilla se repite, al saber que todo lo que vemos no es "la isla original" (que por cierto había sido visitada por Daniel Comboni y muchos otros de sus misioneros cuando iban a Sudan)  sino que fue sacada del fondo del lago y reproducida fielmente en otra Isla mas alta.
 
Miércoles 24, la mañana la dedico a visitar con más tiempo nuestra escuela que dirige la Hna. Faiza (egipciana) y a conversar con las hermanas en sus respectivos trabajos.

 Después de comer me acompañan a la estación donde cojo el tren de la 1.30 PM para Luxor adonde llego en tres horas. Allí se encuentra la Hna Maria, Portuguesa, que me lleva a casa de las Hermanas dentro de la zona de la Iglesia Católica  de Sawaghi, un pueblo ahora en la periferia de Luxor, donde trabajamos por mas de 25 años y al que ahora siguen asistiendo pastoralmente desde Garagos , dos días a la semana .

Por la tarde a las 2.30-PM  se Celebra la Sta. Misa a la que por cierto participa un buen numero de cristianos inclusive niños al salir de la escuela,   no obstante que están ayunando siguen con toda devoción y cantando por dos horas, lo mismo que otros días de cuaresma, cuando su única comida es después de haber participado a la Eucaristía.
 
iJueves 25. Por la mañana mientras desayunamos se oyen ya los niños que llegan a la nueva y flamante escuela católica frente a nuestra casa, así que antes que entren en clase vamos a visitarla y saludar a las maestras. Me quedo muy bien impresionada de ver todo limpísimo y los niños vestidos en sus elegantes uniformes según su nivel de clase. El merito y progreso se aprecia mas cuando puedo ver y comparar su vieja escuela ahora convertida en locales parroquiales y hasta una casa cuna para bebes de mamas que trabajan fuera!
Después, la Hna Maria me acompaña a visitar la mayor atracción turística de Luxor: el grandioso Templo de Karnak. Como siempre el número de autocares y turistas es grandísimo y la nueva zona de recepción, tiendas, y estructuras para acoger millares de ellos está increíblemente bien hecho y a nivel internacional. Hay mucho que caminar sin cansarse de mirar en alto a las decenas de altísimas Columnas y Obeliscos, que lo llenan todo. Después acabamos la mañana dando una vuelta por la ciudad, bordeando el Río Nilo y contemplando el templo de Luxor y excavaciones que continúan en el centro de la ciudad que están causando mucho malestar y problemas a la población por tener que ceder sus casas y terrenos de sus familias al Gobierno, (aunque si reciben compensación) ya que da prioridad a estas antigüedades y a las infraestructuras necesarias con todo ese movimiento de turismo internacional. Al otro lado del Nilo, se contemplan las montañas del famoso Valle de los Reyes donde muchos se dirigen después  y al que yo personalmente con el cansancio que ya siento, y  con los precios que tienen por aquí, no me atrae ir.
 
Viernes 26, muy pronto por la mañana salgo de nuevo en tren para Tahta, la población mas cercana a Nazlet Khater, mi ultima etapa, donde tenemos una Comunidad. Llego en tres horas muy descansada y recreada por el paisaje, también hay poblaciones importantes donde se ve mucho movimiento de gente y hasta de vendedores ambulantes que suben al tren ofreciendo a los pasajeros sus productos locales.

En la estación me espera Sor Maria del Reino, Italiana. Cogemos un "Tok-Tok" servicio público de tres ruedas, que nos lleva a la estación de autobuses de línea al  otro extremo de la ciudad, y después de pasar unos cuantos pueblos cercanos uno de otro, llegamos al nuestro por una carretera en medio de los campos cultivados. Aquí puedo apreciar la diferencia con las ciudades y ver de cerca el nivel de vida de la población rural.

Por la tarde voy con la hermana enfermera a hacer algunas visitas domiciliarias a enfermos graves, ancianos y otros muy pobres. Verdaderamente me quedo impresionada de aquella inesperada pobreza o miseria, las casas sin techos cubiertas  solo de cañas, no se ven camas en ninguna parte, solo bancos de madera que sirven tanto para sentarse de día como para dormir de noche, en otros casos duermen sobre esteras en el suelo, solo veo trapos para cubrirse y los animales de los corrales que pasan libremente por todas las partes y sin contar los enjambres de moscas  muy pegajosas que hay que ahuyentar continuamente,  creo en parte debido a las vacas que están allí en las casas aun de día.

En fin, ciertas cosas son muy difíciles de describir, aun para mi con experiencia de África, Uganda y Sudan, donde he pasado bastantes años. Posiblemente estas zonas están muy olvidadas de las autoridades sanitarias y sobretodo los ancianos se ven muy abandonados de asistencia médica; menos mal que tienen a las misioneras o algún buen familiar.

iPor la tarde seguimos con otras visitas a domicilios con nivel social en mejor situación. Lo que debo mencionar es que la gente, tanto cristianos come musulmanes vecinos, nos reciben siempre muy bien e invitan a entrar en sus casas cuando nos ven pasar. Los jóvenes también al casarse, se construyen su piso encima de la parte donde viven los padres y donde tienen las cuadras de los animales, de forma que van mejorando poco a poco su forma y nivel de vida
 
Sábado 27 después de la Sta. Misa de la mañana, puedo ya ver a los niños de la Guardería Parroquial cantando y haciendo gimnasia en el patio; debo decir que el número ha aumentado mucho, actualmente son más de 60 y los locales son insuficientes para todas las clases, así que se han adaptado utilizando los coros de la Iglesia también. Las maestras son todas chicas muy inteligentes, motivadas y activas, alguna es también universitaria, nosotras misioneras hemos tratado de darles algunos cursos de formación  y en ellas se pone bastante esperanza para ir mejorando el nivel de educación y de vida de los niños, y de las mujeres del pueblo. También paso a ver el Ambulatorio junto a la Iglesia  donde la Hna. Jacinta, enfermera todavía en activo a sus..83 años, con su grupo de chicas asistentes lleva adelante el único servicio sanitario del pueblo con atención médica de un doctor siempre que puede hacerlo.   

 Domingo de Ramos. La comunidad se divide entre dos parroquias, la de Nazlet Khater y otra de un pueblo cercano, Mahalfa, donde acompaño a Sor Maria del Reino. Vamos como siempre en un microbus de línea y ya desde la carretera puedo ver la bonita torre de la Iglesia y los cantos litúrgicos que se oyen de los altavoces; en este pueblo son casi todos católicos y con varias vocaciones de sacerdotes y religiosas. También se notan en todas las casas las cruces pintadas o esculpidas en sus fachadas, con las que muestran con orgullo su propia identidad cristiana. Al llegar a la Iglesia la encontramos llena de fieles que están cantando himnos de la Liturgia Copta, de la Pasión del Señor. Los niños algo mayorcitos se entretienen fuera en la placeta de la iglesia, haciéndose ramos entrelazados de hojas de palmera o plátano mientras que los pequeñines están dentro en brazos de sus madres y abuelas.

La Liturgia Solemne de esta Celebración es muy sugestiva y casi toda cantada alternándose con el Sacerdote, los coros de los hombres y de las jóvenes, que por cierto cantan muy bien y rítmicamente acompañándose con un CD y un ordenador muy bien manejado. El incienso llena la Iglesia casi continuamente y veo desde el coro de arriba donde estamos, que la gente participa por mas de dos horas con toda atención y devoción . Notamos además que al final de la Misa la gente continúa sentada en los bancos, ya que la  Celebración  la prolongan con varias lecturas de la Biblia y lo mismo volverán a hacer por la tarde, y así cada día de la Semana Santa. No se usa hacer procesiones externas sino solo alrededor del interior de la Iglesia, pero al menos no noto tampoco la presencia de la policía vigilando en la puerta como en Garagos o Aswan.

Regresando a casa pasamos a saludar una familia junto a la iglesia, donde la Hermana Maria visita a una enferma. Al salir nos llenan de bolsas con pan fresco, huevos y hasta un pavo para el Domingo de Pascua. La generosidad abunda entre los pobres y sencillos.
Lunes  29. Regreso a Alejandría vía Tahta, acompañada casualmente en el tren por un joven cristiano universitario, conocido por las hermanas,  que estudia allí. Su compañía y atenciones durante el viaje son todas de admirar y agradecer, mas aun que es la primera vez que me encuentra, pero veo que conoce mucho el carisma de San Daniel Comboni y su paso por Egipto, de lo que se siente muy orgulloso.
 
Bueno, he llegado al final como veis y espero que os guste la lectura de estas notas que aunque si son largas, (habría mucho más por decir),  lo he hecho con gusto para todos vosotros, utilizando varios momentos libres.


Con todo mi cariño; Carmen Herrer (MISIONERA COMBONIANA).

 

¡Vivir para creer!

i¡Vivir para creer!, con ese breve comentario resumía una religiosa italiana su experiencia de ancianidad. Una misionera comboniana que había trabajado casi 50 años en Sudán y que ahora se encuentra en la enfermería de una comunidad italiana. Con 84 años y una salud precaria es difícil regresar a la misión.

Esa es la experiencia de tantos religiosos-as mayores. Cuando la salud y las fuerzas no responden se ven obligados a afrontar un nuevo reto en sus vidas: el de la ancianidad. Durante muchos años han sido protagonistas de su historia personal en un modo autónomo, y ahora tienen que aprender a serlo pero dependiendo de otros. ¡No, no es fácil! Y tienen que iniciar ese camino de aprendizaje en un momento de su historia particular donde aparentemente los recursos personales son más limitados.

En este ambiente la persona mayor, también religiosa, se siente desorientada, con una melancolía que puede rozar la depresión. El sentido de inutilidad, de ser un peso para los otros es como una herida que nunca se cierra. Se reza pero se tiene la impresión de que es una oración vacía y la soledad se hace más acuciante.

iLos misioneros (as) son personas como las demás y viven también ellos estos procesos con angustia y con dolor. Llegar a vivir la ancianidad con serenidad, en la aceptación de lo que se es y se tiene, pero con paz y alegría, es un recorrido largo, un trayecto vital que no se recorre en un día.

Pues bien, el trabajo que he realizado durante estos tres últimos años en Italia, se sitúa en este ámbito, el de acompañar a estas religiosas mayores en el proceso de aceptación y “adaptación” en esta etapa de sus vidas: la ancianidad.
El acompañamiento pastoral ha sido un gran desafío para todas. Estas religiosas han estado siempre volcadas en los demás, y ahora son ellas las que necesitan ser escuchadas, atendidas… Al inicio algunas creían que mi presencia entre ellas era únicamente una visita de cortesía.

Luego entendieron. Pasaba por cada habitación, me paraba con cada una en particular dedicándole tiempo, cariño, escucha, empatía. Y ellas se sentían libres para contar sus dificultades, sus penas y alegrías, sus recuerdos de la misión, sus miedos actuales… Por la tarde, dos días en la semana, realizaba con ellas un encuentro de tipo “formativo”, muy adaptado a su realidad. Iniciábamos con un momento de gimnasia, con movimientos suaves, estando sentadas, que les permitía desentumecer los músculos no sólo físicos, sino también, en ocasiones, “los del alma”. Después una de ellas rotativamente, contaba algo de su vida a todas las demás. Y por último hablábamos de algún tema que habíamos fijado anteriormente.

iLos temas no tenían por qué ser solamente religiosos. Una de las cosas que más les gustaban era lo que llamábamos en un lenguaje “pomposo”: “Debates de actualidad”. Cada una contaba una noticia que había escuchado en la radio o la TV, o bien había leído en el periódico, y las demás completaban la información. La palabra era para todas.

Como pasaba casi todo el día con ellas, en esos encuentros tanto personales como de grupo las invitaba a escribir algo de su propia experiencia. Cuando ellas no podían hacerlo por sí mismas, me hablaban o dictaban y yo escribía lo que contaban.

Pues bien, con esos relatos creamos un breve folleto informativo que llamamos: “Nosotras, las hermanas mayores” y que difundíamos a través de Internet o del correo normal, a toda la congregación. La hoja se leía en las misiones en las que estas religiosas habían trabajado y en muchas ocasiones recibían un “feed-back” muy positivo de quienes leían esos artículos. En tres años hemos realizado once números de este folleto.


Había también un grupo de Hermanas mayores deseosas de saber qué era eso de Internet, y para ellas creamos una serie de cursos adaptados, que con un método simple les permitía ponerse en comunicación a través de una dirección de correo electrónico personal con sus familias y la misión que habían dejado. He enseñado a unas 80 religiosas mayores a utilizar el correo electrónico y a saber moverse un poquito por Internet.
iHa habido un grupo que han aprendido muy bien a utilizar Word y unas pocas han aprendido incluso a crear Diapositivas con el programa Power Point. En estas líneas es difícil describir la alegría de estas personas, la satisfacción personal y el entusiasmo al verse aún con capacidades de aprender y de comunicar.

Una Hermana mayor realizó un día su peculiar evaluación de este trabajo de acompañamiento cuando me dijo: “antes de que tú vinieras, nosotras éramos sordomudas. Ahora con estas actividades nos has vuelto a abrir la inteligencia”. No, no se trata de abrir inteligencias de nadie, sino solamente de acompañar, de estar cercano, de empatizar, de intentar comprender el mundo del otro para caminar a su ritmo. Ha sido un trabajo muy enriquecedor a nivel personal.

Ahora regreso a la misión. Me marcho por tres meses a Haití, para dar una mano en un proyecto con mujeres y niños, y después iré a trabajar a la República Democrática del Congo. Dejo atrás el Chad, donde he trabajado tantos años y también yo asumo un nuevo reto.

Pues sí, ¡vivir para creer!... el Espíritu es creativo y nos lleva a vivir situaciones insospechadas pero siempre generadoras de vida, si las vivimos desde Él.

Con cariño.
Mª del Prado Fernández Martín.
Misionera Comboniana

 

 

PASION Y ESPERANZA EN HAITI

iComo Provincia de México, Costa Rica y Guatemala, hemos querido colaborar con este pueblo tan sufrido de Haití. El día 18 de Marzo la Hermana María del Socorro y yo salimos para Haití por un mes, otras dos Hermanas enfermeras regresaban esos días y otras Hermanas, si Dios quiere, seguirán yendo.

El primer impacto ha sido fuerte, el ver de cerca esta catástrofe y que tantos desaparecidos estaban aún debajo de los escombros sin saber como habían sido sus muertes. Ver el centro de Puerto Príncipe completamente destruido: el palacio Presidencial, la Catedral, numerosas Iglesias, Hospitales, muchas casas a punto de caer… ¡en fin todo eran escombros y desastres!

Hemos oído a mucha gente dar su testimonio y en verdad es algo conmovedor saber que tantas personas han muerto; algunos pasaron horas debajo de la tierra sin saber como iba a terminar su destino, sin embargo la fe y la esperanza de vivir les mantuvo vivos. Nos contaban que una señora que dio a luz a dos gemelos vivieron por tres días bajo tierra, muchos quedaron mutilados, varios por no haber sido hallados a tiempo.

iPuede decirse que todas las familias sufren pérdidas de sus seres queridos. La mayoría sufren traumas terribles, solo la fe y el tiempo les ayudará a recuperarse. También se está llevando una terapia para “recuperar la alegría”, que les ayuda mucho. Algunas Hermanas están comprometidas con estas terapias que dan muy buenos resultados.

Este es un pueblo muy creyente, nos contaban que en la noche trágica del terremoto, la gente caminaba sin luz entre los muertos y en grupos se reunían para rezar y cantar por sus seres queridos. Llama la atención sus encuentros en la liturgia, sus cantos, su manera de estar presentes. Nos tocó vivir allí la Semana Santa, y así estar unidas a su pasión. Celebramos también la Cena de la Pascua Hebrea con unos religiosos italianos, voluntarios de varias naciones y religiosas. El día de la Pascua hubo una Celebración especial cerca de la Catedral, destruida; habían puesto algunas carpas blancas y nos juntamos muchísima gente.

Era presidida por un Obispo nuevo, ya que el Arzobispo y otro Obispo fallecieron en el terremoto. Estaba también el Nuncio, muchos sacerdotes, religiosas, laicos y un coro de unos 300 hombres y mujeres jóvenes. Me envolvía una gran alegría pensando, como Comboni, que ellos serian algunos de los protagonistas para construir un nuevo pueblo. Son todos muy acogedores y siempre nos reciben con una sonrisa.

Mi trabajo los primeros días fue en una clínica por las mañanas, todos los días había mas de 200 personas que esperaban ser atendidos. Estaban allí 2 doctores chilenos y unas 3 enfermeras. Por las tardes, algunas de nosotras, nos dedicábamos a repartir medicinas que llegaban en contenedores; algunas religiosas venían a recogerlas para sus dispensarios y, otras para las Parroquias, donde va la gente que las necesitan; o cualquier otro centro que da la seguridad que las van a distribuir bien.

iAllí se preparaban también bolsas de comida para repartirlas, los sábados de mañana, a unas 400 personas, que venían de diferentes sitios del desastre y que ya previamente, otras religiosas habían hecho un buen trabajo de organización para que las cosas fueran repartidas a los más necesitados. También se le daba leche en polvo para los niños.

La última semana estuve en un hospital donde trabaja una Hermana Colombiana, allí también había mucho trabajo, pues aunque las urgencias mayores ya habían pasado, acudían cantidad de personas enfermas, sobre todo me impresionó ver tantas mujeres y niños que tenían “Sida”. Estados Unidos les había proporcionado medicinas y alimentación. Cuando les hacían los análisis, todas querían tener positivo para recibir la alimentación y medicinas.

Algunas mujeres nos querían entregar a su niño, sin duda por la situación tan horrible que están viviendo de necesidad y desean para ellos un futuro mejor. ¡Es Increíble! Los días se nos pasaban rápidamente y deseábamos quedarnos por más tiempo.

Últimamente se ha incrementado la violencia sexual en los campos de refugiados, especialmente contra niñas y jóvenes que viven en los albergues sin ninguna protección.

iSe oyen casos escalofriantes de abusos y de intimidación. Un grupo de mujeres que trabaja en la red de organizaciones Haitianas, está haciendo bastante ante este desastre femenino, aunque es muy difícil porque las mismas jóvenes se sienten amenazadas y no se atreven a denunciar los casos, salvo raras excepciones. También existen casos en que las mismas mamás ofrecen a sus hijas a cambio de una tarjeta para recibir alimentos. ¡Verdaderamente es un desastre! Pienso que como Misioneras Combonianas deberíamos estar allí presentes para dignificar la Mujer.

¿Qué pasará con Haití? ¡Esta es la gran preocupación que no ocupa! Sabemos que el Mundo se volcó sobre este pueblo y se recibió mucho dinero, tanto como para reconstruir un nuevo País….! Pero allí parece que no se mueve nada. ¿Que hacer para que ellos sean los protagonistas de su historia? Se necesita crear, descubrir, inventar, recrear cosas nuevas y una constancia muy grande; sobre todo una donación especial, favoreciendo que ellos sean los que lo llevan adelante.

Necesitan mucha ayuda. ¿Podrían algunas de las grandes potencias internacionales encontrarse con ellos por un tiempo y buscar juntos alternativas concretas? Es la Esperanza que nos mantiene alegres.

Mary July Pérez
(Misionera Comboniana)

 

 

 

 

 

COMPARTIENDO EXPERIENCIAS: De África a América Latina

Tere Romo Domínguez, misionera comboniana, nació en Ciudad Rodrigo (Salamanca); y después de pasar bastantes años en África, ahora está empezando su misión en América Latina (Ecuador).

iLlegué a estas tierras esmeraldeñas el día 15 de Febrero del 2008. El Obispo, Eugenio Arellano, me propuso asumir el departamento de Pastoral de la Educación, propuesta que con mucho gusto acepté.

Organización: cada centro educativo tiene un delegado del Obispo y por aquí empecé para saber como estaban funcionando, que problemas tenían y cual era su sueño para el futuro. Convoqué a todos ellos por zonas; (el Vicariato lo tenemos dividido en tres Zonas, Ciudad, Norte y Sur) Ésto me ayudó mucho a conocerlos. E igualmente hice con los profesores de Religión y así comprendí que tenían grandes deseos de recibir formación. De estos encuentros con los profesores y maestros de Religión, quedaron organizados dos encuentros de formación por zona y un retiro a final del año.

Otro de mis intereses, durante mi primer año en este trabajo, fue el de visitar todos los centros educativos y conversar con todo el personal, tanto de la dirección, como con los docentes; lógicamente no me fue posible llegar a todos, debido al número de centros, 52 y las distancias.

Como las propuestas de una formación constante eran nuevas, no fue fácil obtener respuestas positivas de todos/as durante el primer año; pero esta dificultad no solo se solucionó al año siguiente, sino que me ayudó mucho a comprender mejor la situación en la que me encontraba.

En este año lectivo, 2009 – 2010, tengo que decir con gran satisfacción, que en todas las actividades que he programado han estado presentes el 90% de los docentes y así mismo de los delegado/as del Obispo. En este año, he sido llamada de muchos centros educativos del Vicariato para convivencias, con los estudiantes, docentes y padres de familia, aparte de todo lo que yo tenía programado desde el Departamento de Pastoral de la Educación.

iSecretariado de Educación católica: Además de mi trabajo, soy también miembro del secretariado de Educación católica, desde donde se organizan algunas actividades y se hace acompañamiento a los centros Educativos; como también ver y discutir las leyes del Gobierno e informar a todos los docentes de nuestros centros.

Hago también parte del Equipo técnico de UNICEF: nuestro Vicariato tiene la siguiente prioridad: educación para todos, que ningún niño esté sin escuela; para conseguir ésto, se hizo hace unos siete años un convenio con UNICEF, con esta finalidad y se creó este equipo, del cual yo hago parte. Este trabajo consiste en volver a abrir todas las escuelas de los Ríos que el gobierno cerró hace algunos años. Nuestro trabajo, junto con UNICEF, es capacitar a los maestros.

Todo cuanto he compartido hasta ahora es para deciros que en la poca experiencia que tengo, en este campo de la educación, he podido descubrir que es una de las actividades o ministerios que más posibilidad te da de evangelizar, de acercarte al joven y al docente, es uno de los mejores campos de conquista para atraer a quienes se han ido alejando de la Iglesia, de la parroquia, del mundo juvenil. Con este ministerio puedo acceder a tantas situaciones, familiares, jóvenes, pandilleros, de pobreza y miseria a todos los niveles, y aunque por una parte es un drama, por la otra, es un gozo poder tocar con mano todas estas realidades desde esta dimensión de la educación. Quiero compartir aún, que estoy fascinada por la educación, por Jesús y por el Reino; en la medida que me voy adentrando en este mundo sueño con una Educación Nueva para un Mundo Nuevo.

iNo puedo negar, que el campo de la educación, te deja muchos sin sabores y te da muchos quebraderos de cabeza, justo por las situaciones tremendas que tenemos en nuestros centros educativos y por la falta de colaboración de muchos, es un campo arduo y difícil. La emigración ha traído muchos problemas a la familia y a los hijos; ésta es la causa mayor de alumnos desorientados y desintegrados.

Buscan satisfacer su soledad y la ausencia de los suyos, con la droga, el alcohol, se hacen pandilleros, embarazos prematuros, padres y madres adolescentes, en fin una serie de problemas tremendos que requieren una buena competencia de parte del educador para ayudar a estos jóvenes y adolescentes.

Termino diciendo, que vale la pena apostar por la educación, y porque he entendido ésto es por lo que aun sigo en este trabajo, ya que al inicio no veía la necesidad de que una Comboniana estuviera en este ministerio, teniendo tantas otras necesidades, desafíos y misiones que necesitan mucho de nuestra presencia. Hoy y después de 23 meses en este trabajo, apuesto por la educación. Estoy contenta de poder servir a este pueblo esmeraldeño desde el ministerio que se me ha confiado, y sobre todo me siento bien, porque me siento querida.

Tere Romo Domínguez (Misionera Comboniana)

 

DESDE ECUADOR

Hace unos días fui a visitar una comunidad a la que hacía años que no iba un sacerdote o una religiosa. Se llama el Gallo, se encuentra en las montañas y su difícil acceso hace que sólo se pueda llegar a ella a pie o a caballo. El motivo de mi visita era la invitación del que había sido el catequista en la comunidad para que  diera ánimos a la gente y así reemprender una actividad pastoral.

iEl día que emprendí el viaje lo hice en compañía de una catequista que está trabajando bastante bien en otra comunidad a la que se puede llegar con medios motorizados. Desde allí ella me ofreció su caballo y lo más valioso su compañía. Era la primera vez que montaba en un caballo, antes de cabalgar pensé que se parecería a la borrica de mi abuelo, en la cual me montaba cuando era pequeña y me imaginaba viajes por el mundo.

Así que las dos nos aventuramos por esos caminos en medio de la exuberante vegetación. (parecíamos Don Quijote y Sancho Panza). Cruzando ríos, subiendo y bajando laderas, por secano y barrizales llegamos a la comunidad: unas cuantas casitas de madera, una escuelita y la iglesia medio derruida. Nos indicaron la casa del catequista y allí nos hicimos presentes. 

Su mujer, una señora fuerte de ánimos y alegre, nos ofreció un plato de sopa y arroz, lo que agradecimos después del viaje. Avisaron a la gente y nos dirigimos a la capilla para encontrarnos con ellos. Nos reunimos unas 8 mujeres unos pocos jóvenes y más niños. Así que rezamos y hablamos de su interés por la parte espiritual de la comunidad y de la importancia de la escucha de la Palabra de Dios para un crecimiento sano de los niños, una guía para los jóvenes y un compromiso por construir relaciones fraternas para los adultos.

iEstuvieron de acuerdo tres de ella a empezar un grupo, elegimos a una coordinadora y se quedaron con la intención de organizarse para arreglar la capilla, poniendo cada familia algo: unos la madera, otros los clavos o la moto sierra… Lo que noté es que el varón está ausente en estos asuntos y lo que es peor que alguno de ellos impiden a sus mujeres a que se comprometan y lideren algún grupo Hay que rezar por ellos. 

Como la noche se había echado encima y no hay luz eléctrica, nos volvimos a la casa, un poco retirada del pueblo. En el camino cientos de Luciérnagas brillaban momentáneamente creando un espacio encantado.

A la luz del candil los niños hacen sus tareas y se nos ofreció la cena, arroz y banano cocinado. Estas familias viven principalmente de la recolección del cacao y de una agricultura de subsistencia. Después de un dialogo tranquilo con el sonido de la radio de fondo, nos acostamos. ME ofrecieron una camita y la compartí con dos de los niños, así que dormí lo que pude y amanecí llena de picaduras de mosquitos y con el sonido de los pájaros. 

iAl despedirnos, me pidieron que los volviera a visitar y quedamos que cuando ellos vieran que era conveniente que me avisaran.  Jesucristo sigue  dejando las noventa y nueve ovejas para ir a por la perdida. Es su modo de hacer. Ya me ha pedido que visite otra comunidad también de difícil acceso, así que la semana que viene ya me llevará por otros caminos, pero esta vez me echaré repelente para los mosquitos esperando que surta efecto.

Un fuerte abrazo para todos. Con cariño.

María José Carrero Viñas (Misionera Comboniana)

 

Desde Mozambique

Desde Mozambique: Carla, misionera Comboniana, comparte el gozo de tener a su hermana Maureen, también Comboniana, en el mismo país.

iSoy Carla Mora Agüero, natural de Costa Rica. Tengo 35 años y entré en la Congregación de las Misioneras Combonianas, en Ecuador el año 1993 y allí hice todo el periodo de la formación. La formación profesional la continué en México y en Portugal. Después de la profesión perpetua fue destinada a Mozambique, donde actualmente me encuentro.

Mi hermana gemela, Maureen, decidió seguir este mismo camino y entró a esta Congregación de las Misioneras Combonianas, dos años después de mí. También ella hizo la formación en Quito (Ecuador) y completó los estudios en roma y Portugal. Juntas hicimos la profesión perpetua en Italia.

Maureen y yo estamos ahora en el mismo país. Esto forma parte de los grandes misterios de la vida que no solemos comprender y que la mayoría de las veces nos sobrepasa. Este deseo de estar con mi hermana gemela, en la misma misión, era uno de los grandes secretos que yo guardaba siempre en mi corazón.

Recuerdo que cuando me encontraba en Ecuador me decía a mí misma: “Si Maureen viese esto o escuchase aquello…” Y solo muchos años después es cuando Dios me concedió aquella petición profunda, de que mi hermana viviera aquello o algo parecido a lo que yo estaba viviendo; lógicamente, me refiero, a las alegrías que conlleva ser misionera comboniana, y ante todo, ser consagrada al Señor para la Misión.

iFue muy hermoso que hiciésemos el viaje juntas y aún más hermoso que llegásemos al continente africano juntas. Puede parecer una tontería, pero digo esto porque es lo que siempre había soñado.

Contemplar a las dos unidas en esta realidad: las personas, los niños, las calles, la ciudad de Nampula y hasta la sencillez de una gallina con sus pollitos pasando por las calles tranquilamente. Todo esto y muchas más cosas, que no se pueden explicar con palabras, lo vives con pasión desde lo profundo del ser y para la persona que lo ha deseado desde hace tiempo, tiene un gran valor y significado.

Las dos nos encontramos bien y felices. Maureen ahora está a muchas horas de distancia de donde yo me encuentro. La misión se llama Mangunde y allí es responsable de un hogar de niñas que desean estudiar y para ello, estas adolescentes tienen que vivir fuera de sus casas durante el tiempo de la escuela.

De mi, ¿Qué decir?; pues que hasta el día de hoy lo he pasado muy bien. En lo que se refiere a mi trabajo, lo que estoy haciendo son prácticas en el hospital para refrescar todo lo aprendido. Por el momento no tengo contrato, pero espero trabajar en este hospital y servir en el campo que me formé.

iOs confieso que me siento “la más ignorante del mundo”, a pesar que estudié tantos años. Aquí, hay momentos que se experimenta una gran impotencia viendo tanta gente enferma, pocos medios y que no puedes hacer nada, no obstante la buena voluntad que, en la mayoría de las veces, no sirve para mucho.

Incluyendo todo esto, la VIDA ES BELLA y por eso tiene sentido todo lo que vivimos.

Ahora estoy aprendiendo la lengua Macúa, que es indispensable para el servicio que haré como enfermera en el hospital, de lo contrario te sientes al margen de la gente. Ya os seguiré diciendo como nos va la vida.

CARLA MORA AGÜERO

 

DE KENIA a ECUADOR

Maria José, Misionera Comboniana, se encuentra en Muisne, Ecuador, en la provincia de Esmeraldas. En una entrevista comparte: “Muisne es una isla pequeña, con 7.000 habitantes de diversas etnias: indígena, afroecuatoriana y mestiza. Se encuentra cerca de la costa, a cinco minutos de navegación sobre una ‘lancha’ donde caben de 30 a 50 personas.

i“Llegué a esta misión de Ecuador en noviembre de 2008 y empecé a moverme en la Pastoral catequética, a acompañar el grupo de catequistas, en la mayoría mujeres, solo hay dos catequistas varones porque los hombres en general van poco por la Iglesia.

Conversando con las catequistas descubro los valores de las mujeres y también los problemas de las familias y en particular las dificultades entre hombre y mujer, entre padre e hijos.

Sin embargo las mujeres tienen un gran sentido del humor. Las dificultades no les impiden vivir la vida en sus aspectos mejores, hacer fiestas y gozar de los momentos de convivencia y alegría.

La pastoral es un trabajo nuevo para mí; había trabajado en las escuelas en Kenia, mi primera misión, que fue África. Esta actividad me gusta por dos cosas: la facilidad de entrar en contacto con la realidad de la gente y porque siento que mi presencia es como un cojín donde las mujeres se apoyan, o sea, me comparten sus experiencias de vida y yo las escucho con mucha atención, a veces con algún consejo y otras me quedo en silencio”.

iMª José, originaria de Ciudad Real (Castilla la Mancha), conoció a las Misioneras Combonianas en Madrid, cuando era estudiante universitaria en la Facultad de Ciencias Físicas, y a través de una compañera que ya frecuentaba la comunidad Comboniana.

Entró en la Congregación de las Misioneras Combonianas en 1996 nada más acabar sus estudios y después del Noviciado (tiempo de formación) en Brescia (Italia) salió para Londres donde estudió el inglés. Enseguida partió para la misión de Laisamis entre los Samburu, en el norte de Kenia y también trabajó en las escuelas de la misión de Kacheliba entre la población Pokot en la frontera con Uganda.

“Mi experiencia entre los jóvenes de África - continúa Mª José - fue muy enriquecedora: mientras yo enseñaba ciencias, física, química, biología…, ellos me ayudaban a luchar y me empujaban a promoverles más en sus vidas.

De Kenia a Ecuador he dado un salto no indiferente, pero la vida de la Misionera Comboniana es así y a mí me gusta. Por eso digo para siempre”.

iFIESTA POR SU SÍ PARA SIEMPRE

El 15 de agosto, fiesta de la Asunción de María, la hermana Mª José Carrero Viñas dio su sí definitivo a Cristo para la misión ad gentes.

Este acontecimiento fue motivo de alegría para sus padres, que vinieron desde España a Ecuador para este evento: ellos la apoyaron desde el inicio de su vocación y la acompañaron donde quiera que ella estuvo: España, Italia, Kenia, Ecuador.

Fue también motivo de alegría para las Hermanas Misioneras Combonianas apoyarla en la Animación Misionera de las escuelas, colegios y grupos parroquiales, durante una semana previa a la profesión perpetua.

Finalmente la comunidad parroquial de San Luís Gonzaga, donde Mª José trabaja, también se vistió de fiesta, porque en ella vieron realizado el mandato de Jesús: “Id por todo el mundo y anunciad a todos los pueblos lo que Yo os he enseñado…” (Mt 28, 19).

iLa Eucaristía fue presidida por Monseñor Eugenio Arellano, Misionero Comboniano y ahora Obispo de la Diócesis de Esmeraldas, quien a través de su homilía animó a Mª José a mantenerse fiel a su vocación y a todo el Pueblo de Dios, a tomarse en serio la Misión Continental, recientemente iniciada en la diócesis.

Después de la celebración toda la comunidad parroquial, allí presente, degustó un sabroso refrigerio.

Desde Quito: Daniela Maccari y Montse García (Misioneras Combonianas).

 

Un horizonte nuevo: El Sur del Sudán

Hablo de un horizonte, una vida, que tiene su inicio y traducción años atrás. Apoyada en la llamada recibida, cerca de los años setenta, me agrupé y vinculé al Instituto de las Misioneras Combonianas, un referente misionero que impulsó mis aspiraciones y dio respuesta a los deseos de mis 22 años de edad. Quería el máximo en mi realización personal. Tenía condiciones naturales e idóneas para ello y una trayectoria e historia de fe recibida de la familia, inmejorable. Además, buscaba lo más atractivo para ubicarme: La misión, clave para poder entrar en ese circuito de los pobres, ese espacio de referencia donde se encuentran la sabiduría de Dios y de la vida. Quería dar y recibir de estas gentes la libertad y la alegría que da el Evangelio.
 
Para ello tuve que formarme, prepararme, desarrollar mis talentos, abrirme a nuevos retos, dejar cosas muy buenas y loables por otras más convenientes y específicas. Acoger lo que la nueva familia y comunidad me proponía y que la sociedad y los tiempos dictaban. En Madrid, Italia, Londres, Egipto y Etiopia me formé y preparé profesionalmente. Conocí nuevas culturas y aprendí varias lenguas.

No estaba sola en esta “carrera misionera”. Consolidada y respaldada por Alguien muy especial, por mi familia, por la historia y la vida de muchas de mis compañeras misioneras que estaban conmigo y otras que me habían precedido, me asignaron y me lancé a mi 1ª misión: Rumbek, capital de la Provincia de Los Lagos, en el Sur del Sudán, lugar que incluye el vasto Sudd o “swampy area”, una de las zonas pantanosas más extensas y bellas del mundo.

Apenas llegué a esta ciudad, sentí que este era mi lugar, el que siempre había soñado. Aquellas gentes de alta estatura, porte y rostro fino, bello y elegante me fascinaron. Gentes de carácter altivo,  orgulloso, noble y luchador que se consideraban la raza perfecta y se definían a si mismos como: “The man of men”.

Cuando entré en la “nueva” casa encontré huellas que la guerra había dejado años atrás. Y, en la mente y en el corazón de sus gentes, el espíritu de las misioneras expulsadas seguía vivo, real. Sus memorias y recuerdos eran narrados y cantados por la gente, como lo hacen con el ganado más preciado o con la joven que se va a casar.

Estas misioneras habían valorado la dignidad, la capacidad y el corazón de estas gentes. Habían desarrollado su misión evangelizadora en un sector altamente amado por todas nosotras: los alejados, pobres y excluidos.

Vi lo que habían sido la escuela, el hospital, la iglesia. Solo quedaban ruinas, destruidas y abandonadas por la guerra. El recuerdo de aquellas mujeres que me habían precedido, vibraba allí. Esto me alentó y ayudó a seguir sus pasos por estas sendas de difícil acceso, pero seguras y bellas entre la etnia nilótica DINKA.

Entre esta tribu pase años inolvidables. Encontré gente amiga donde compartir mi vida y tarea y hacerlo con gusto y a gusto como misionera y enfermera, en el máximo respeto, amor y competencia.
 
Con el tiempo la situación política del país se fue deteriorando. Injusticias, religión e intereses del gobierno central del Norte y las etnias del Sur, dieron como resultado el reinicio de la guerra.
 
Cuando nos dieron permiso para regresar de nuevo a Sudán, esta vez la misión a la cual me enviaron fue Nzara, en West Equatoria, zona ocupada por la guerrilla nilótica Nuer/Dinka. Por varios años, los combates entre el Norte y el Sur se sucedieron y prolongaron hasta el 9 de enero de 2005, fecha en que ambas partes firmaron un acuerdo de Paz que los comprometía a finalizar la guerra.
 
En este tiempo y lugar aprecié el valor y el goce de la vida en comunidad, el apoyo, la solidaridad y el cariño que se necesitaba para vivir, junto al pueblo, en zonas de combate y de guerra.

Otro hecho fue sentir la impotencia y el dolor ante la situación y las necesidades de la gente que te superaban, por carecer de los medios básicos de supervivencia y de personal. O cuando, haciendo el bien, podías ser mal interpretada.
 
Aún en estas circunstancias, la gente sencilla y sabia, me hizo entender muchas cosas. Supo sacar el bien del mal, sobre todo, en la esperanza de los que esperan contra todo evidencia, en el compartir lo poco o nada que tienen entre ellos y con nosotras, en el apoyo sereno que sientes que ellos te manifiestan, porque participas en su causa y, en la confianza que depositan en esa Presencia segura que no abandona a nadie y, menos a ellos, y que nunca lo hará. Estas y otras virtudes permanecen inamovibles entre esta gente, aún en las circunstancias más adversas y el dolor más profundo del alma.
 
Estas son algunas de las sorpresas que El Señor me tenía reservada en el nuevo horizonte que El me invitaba a seguirlo 40 años atrás.
 

Milagros Zabalza Erice (Misionera Comboniana)

 

Testigo de una masacre-GAZA

Soy Misionera Comboniana por vocación y enfermera de profesión. No soy periodista, ni me ocupo de análisis político. Quizás por este motivo me cuesta encontrar las palabras adecuadas para describir las imágenes dantescas que se han quedado impresas en mi memoria desde que entré en la Franja de Gaza.

Llegué a Gaza unos días después de la retirada del ejército israelí (no consigo llamarla “tregua”, ni mucho menos “fin de las hostilidades”, como pregonan los medios de comunicación occidentales, maestros en el arte del eufemismo). Formaba parte de una misión internacional promovida conjuntamente por la organización israelí Médicos por los Derechos Humanos (PHR), y su socio palestino, la Sociedad Palestina de Asistencia Médica (PMRS).

Los otros miembros de la misión eran dos forenses-patólogos (uno de nacionalidad sudafricana y el otro danés); un cirujano pediátrico holandés, especializado en casos de trauma infantil, y un experto en salud pública alemán, todos ellos con más de veinte años de experiencia en África y América Latina. Mi trabajo dentro del equipo era colaborar en el campo de la Salud Pública, y hacer de intérprete y “mediadora cultural”, sirviéndome de mi experiencia en el mundo árabe.

Pasar la temida frontera Ereiz nos costó varios días de espera y ansiedad, hasta superar las numerosas trabas burocráticas... ¡y más de nueve horas de interrogatorios y registros, para algunos miembros del equipo! Al otro lado de un larguísimo pasillo enrejado, una devastación enorme: la Franja de Gaza después de 23 días de salvaje ofensiva del cuarto ejército más potente del mundo sobre la población civil de estos “dos palmos de tierra” (apenas 40 km de largo por una media de 10 de ancho), uno de los más densamente poblados del Planeta (una media de 3.227 hab. /km²).

Unos días antes de mi viaje a Gaza un amigo me pasó un artículo titulado ”Plomo impune”, del gran escritor latinoamericano Eduardo Galeano, publicado en el periódico italiano Il Manifesto (jueves, 15 de Enero). Entre los ríos de tinta derramados para justificar y describir esta masacre (que me niego a llamar guerra), las palabras de Galeano me interrogaron fuertemente:“(...)

Para justificarse, el terrorismo de estado fabrica terroristas: siembra odio y recoge pretextos. Todo indica que esta carnicería de Gaza, que según los autores pretende derrotar a los terroristas, conseguirá en realidad multiplicarlos. (...) No hay guerra invasiva que no se declare “defensiva”. Hitler invadió Polonia para que Polonia no invadiera Alemania. Bush invadió Irak para que Irak no invadiera el mundo.

En cada una de sus guerras “defensivas” Israel se ha anexionado nuevos territorios palestinos, y el abuso continúa. Su avidez se justifica con títulos de propiedad que le concede la Biblia, por los dos mil años de persecución que ha sufrido el pueblo hebreo, y por el pánico que les producen los palestinos que tienen delante. El ejército español no hubiera podido bombardear impunemente el País Vasco para extirpar a ETA, ni el ejército británico hubiera podido arrasar al suelo de Irlanda para eliminar al IRA. ¿Es que la tragedia del Holocausto comprende una póliza de impunidad eterna? (...)

Y como siempre, en Gaza, ciento por uno: por cada cien palestinos muertos, un israelí (la mayor parte de las víctimas israelíes han muerto a manos de “fuego amigo”). Gente peligrosa, advierte otro bombardeo, el de los medios de manipulación de masas, que nos invitan a creer que una vida israelí valga como cien palestinas. El ejército israelí, el más moderno y sofisticado del mundo, sabe a quién mata. No mata por error. Mata por horror. Las víctimas civiles ahora se llaman “daños colaterales”, según el diccionario de otras guerras imperialistas. En Gaza de cada diez “daños colaterales”, tres son niños pequeños. Y se cuentan a millares los mutilados, víctimas de la tecnología del descuartizamiento humano que la industria militar está probando en esta operación de limpieza étnica (...).”

Mientras leía y me dejaba interrogar por estas provocaciones, no hubiera imaginado nunca que parte de nuestra misión sería precisamente verificar la masacre de los niños, visitar decenas de amputados en los hospitales y entre los escombros de sus casas, recoger sus testimonios estremecedores, documentar el origen de sus heridas, producidas, en muchos casos, por nuevos y diabólicos productos de la siempre floreciente industria de la muerte. Sus efectos devastadores, incluidos los de armas químicas como el fósforo blanco y bombas anti-persona, los hemos encontrado por todas partes.

Con este propósito, quisiera dar voz a la súplica del Dr. B.A.S., Director del Servicio de Urgencias del Hospital Al-Awda, al Norte de Gaza: “No habléis del uso de armas ilegales. Si lo hacéis, “legalizáis” el uso de las armas convencionales contra los niños y contra civiles indefensos. Incluso una flor, sí, una flor, si se la lanza a un niño y le mata, se convierte en un “arma ilegal”. Y son muchos, demasiados, los niños asesinados en Gaza: dos tercios de las 1385 víctimas mortales reconocidas por el Ministerio de la Sanidad y confirmadas por la OMS son mujeres y niños. Muchos más aún, son los que en esta operación militar han perdido sus casas, sus familias, sus sueños e incluso partes de sus pequeños cuerpos.

Nos lo cuenta con inquietante lucidez D.A.B., después de que el misil que hizo saltar por los aires su fiesta de cumpleaños segase la vida de sus hermanas y su brazo izquierdo: “Nosotros, los niños de Gaza, no somos como los otros niños. Dormimos siempre todos juntos, abrazados los unos a los otros en la misma cama, por miedo a los F16 que sobrevuelan continuamente nuestras casas vomitando sobre nosotros su cargo de muerte y de destrucción. Y no hablo sólo de esta guerra. Hemos crecido así: sin luz y sin agua, cada vez que los israelíes deciden córtanos la electricidad; con el terror continuo a los ataques de castigo con los que el ejército israelí responde a los misiles de Hamas. Han bombardeado mi escuela tres veces en dos años. No tenemos derecho a estudiar ni a soñar un futuro mejor. Ni siquiera a celebrar mi 15º cumpleaños tenía derecho…”

De la otra cara de esta tragedia, de los efectos devastadores del asedio y de la masacre indiscriminada sobre la psique y la memoria de los más pequeños, nos ha hablado M.B., de sólo 6 años de edad, que ha escapado ileso del ataque aéreo que arrasó su casa en Jabaleiah (norte de Gaza), arrancando la vida de dos de sus hermanas y un hermano, y mutilando gravemente algunos otros miembros de la familia: “M. no quiere volver al colegio, sólo piensa en ir a luchar”, nos comentaba preocupada la que un día fue madre de siete hijos; y con la fuerza y la dignidad que corona a muchas mujeres palestinas, intentaba convencerlo: “Mira, ¿no te gustaría ser médico de mayor, como estos señores?” “No, -respondió el pequeño con decisión-, yo quiero luchar contra los malos y vengar a mis hermanos”. Cruzamos una mirada, y se apoderó de nosotros la amarga certeza de que en el corazón de estos niños, que constituyen más del 50% del millón y medio de habitantes de Gaza, se ha sembrado abundantemente la simiente de un futuro sangriento en Oriente Medio.

Otro aspecto de nuestra misión era verificar los ataques a ambulancias e instituciones médicas por parte del ejército israelí, en particular el violento ataque al hospital Al Quds, uno de los más gravemente afectados. En el momento del ataque, en este hospital se habían refugiado unas 400 mujeres y niños, por indicación de las Fuerzas de Ocupación Israelí (IOF), después de haber permanecido varias horas como rehenes en sus casas durante la ocupación del barrio.

Especialmente doloroso y ultrajante ha sido el rechazo reiterado de las autoridades israelíes a conceder los permisos necesarios para evacuar los muertos y heridos en los ataques. Hemos preguntado al respecto al Director de la Cruz Roja Internacional (IRCS) en Gaza, último responsable de coordinar con las autoridades israelíes el rescate de las víctimas. Confirmando los testimonios del personal de los servicios de emergencia y conductores de ambulancias, el Director de la IRCS nos confesó que él mismo había participado en peligrosas misiones de rescate de heridos, en casos particularmente dramáticos, después de haber fracasado en el intento de obtener los permisos necesarios.

Tristemente famoso se ha convertido el caso de R.N., a quien dispararon mientras escapaba de su casa en el sur de Gaza llevando una sábana blanca a modo de bandera, y murió desangrada después de ocho horas de inútiles intentos y repetidas peticiones de evacuación para trasladarla al hospital.

La gravedad de estas violaciones del Derecho Humanitario Internacional y de la Convención de Ginebra han llevado a la Cruz Roja Internacional a romper el “principio de neutralidad”, fuertemente enraizado en el espíritu de la organización, y a promulgar un documento que denuncia el rechazo de la autoridad israelí a conceder los permisos necesarios para rescatar a las víctimas, y los ataques sistemáticos a las ambulancias y al personal médico y paramédico durante el desarrollo de sus funciones. 16 médicos y paramédicos han perdido la vida en acto de servicio durante las tres semanas de ofensiva. Los heridos se cuentas a decenas, y es difícil encontrar un conductor de ambulancias que no pueda contar tres o cuatro experiencias personales de ataques durante las evacuaciones.

Un hecho determinante en la decisión de la IRCS de publicar este documento-denuncia fue el caso de la familia Samouni. Los miembros de este clan, que vivían en la misma zona del Zeitoun (al centro de la Franja de Gaza) fueron reagrupados por los soldados israelíes en algunas de sus casas, donde los retuvieron como rehenes durante tres días, sin comida ni agua. Una de estas casas, donde se encontraban más de 60 personas fue bombardeada hasta su completa destrucción, causando la muerte de 49 personas, la mayor parte mujeres y niños, todos ellos pertenecientes a la familia Samouni.

Cuando, después de cuatro días de extenuantes discusiones, finalmente se concedió el permiso al paso de las ambulancias, aún se encontraron supervivientes entre los escombros. Muchos otros podrían haberse salvado si se hubiera intervenido a tiempo. Los equipos de la Cruz Roja encontraron en una habitación medio derrumbada cuatro niños pequeños vivos, tan exhaustos que no se tenían en pie, aferrados a los cadáveres de sus madres, que con sus propios cuerpos los habían protegido y salvado de una muerte cierta. ¿Cómo no hacer resonar las palabras de Galeano?:

“(…) Y la llamada Comunidad Internacional… ¿existe realmente? ¿Es algo más que un club de comerciantes, de banqueros y guerreros? ¿Es algo más que el “nombre de arte” que usan los EE. UU cuando hacen teatro? Ante la tragedia de Gaza la hipocresía mundial resplandece una vez más. Como siempre la indiferencia, los discursos inútiles, las declaraciones vacías, las declamaciones altisonantes y los comportamientos ambiguos rinden homenaje a la impunidad”.

Pero no todo es muerte y desolación en Gaza. Quiero dedicar estas palabras a los habitantes de Gaza: a todos aquellos que no se han rendido a los slogans arrogantes de la violencia (sea la violencia de Hamas o la del Gobierno Israelí); a quien ha comenzado a desescombrar los cascotes de su casa y de su vida, y está dispuesto a volver a empezar; a las muchas organizaciones que siguen defendiendo los derechos humanos (como Al Mizan, con la que hemos trabajado estrechamente en estos días); a los que siguen trabajando para la rehabilitación de los mutilados (como el Centro de Rehabilitación Della PMRS) o para aliviar los traumas y las heridas del alma (como el Programa Comunitario de Salud Mental de Gaza).

Quisiera honrar el valor y el compromiso de los Médicos Israelíes por los Derechos Humanos y la Sociedad Palestina de Asistencia Médica – co-promotores de nuestra misión - por seguir creyendo y arriesgándose en el camino de la colaboración, a pesar de pertenecer a dos mundos que se enfrentan desde hace más de 60 años.

Entre las señales más luminosas de esperanza, hemos admirado la solidaridad y la competencia de los colegas palestinos quienes, arriesgando la vida y descuidando sus familias, siguen llevando la asistencia médica a las zonas más perjudicadas y aisladas, ocupándose de los heridos, quemados y amputados que empiezan a retornar a sus casas. Nos ha llamado poderosamente la atención el compromiso y la infinita tristeza de los médicos y pacifistas israelíes que luchan y trabajan hasta el extremo en las oficinas de PHR en Tel Aviv, ganándose en muchos casos la incomprensión de sus familias y el ostracismo de su entorno social, con tal de seguir defendiendo la vida de los inocentes: en Gaza, en el Sur de Israel y en cualquier otra parte donde se les amenace.

Hemos compartido sus jornadas de trabajo, en contacto continuo con los despachos del Gobierno Israelí para obtener permisos y denunciar abusos; sus noches de insomnio, al teléfono con los heridos que, desde Gaza, imploraban la evacuación; hemos compartido sus lágrimas de rabia y de impotencia, su miedo a un futuro que podría convertir a sus hijos en asesinos o en víctimas… con personas como ellos, podemos esperar un futuro mejor.


Alicia Vacas

 

DESDE ETIOPIA - Harowato, 2008

Queridos todos y todas: Os comparto un poquito de mi comienzo en este rincón de Etiopía donde he venido hace poco, después de trabajar unos años en otro lugar de este mismo país. En este lugar se ha iniciado un trabajo nuevo con la comunidad apostólica (Religiosa, religiosa y laica) para que la gente reconozca y valore su dignidad, ayudándoles a salir adelanta utilizando sus propios medios. El Guji (nombre que recibe la gente de este lugar) es orgulloso y trabajador, esto hace posible implantar el método “Self Reliance” (autonomía). Este método evita todo asistencialismo y ayuda a la gente a creer en si mismas y sus potencialidades.

No os oculto mi primera impresión al llegar a este lugar, es tan lejano y aislado de todo que yo quería echar a correr, además no entendía una palabra de la legua guji, (ahora empiezo a balbucear y soy el hazme reír, sobre todo de los niños) Todo era árido y frío… Yo me dije: Ah Señor, tú sabrás por qué me has hecho decir que sí para venir a este lugar que sólo me asusta, pero callaba así como callan las montañas en su silencio único… Poco a poco comenzamos a entendernos con los Guji, a mirarnos, a sonreír y comencé a leer el ritmo de su vida, en sus montañas, lejanía, abandono y pobreza…

Con todo, aquí se vive la vida sin ansias de poseer o multiplicar, y se celebra la muerte en sencillez y plenitud. Conozco aun poco de ellos, pero se están ganado mi corazón y están recreando mi vida y espíritu de mujer misionera. Resumiendo, me están evangelizando y dejo que Dios, a través de ellos, me muestre sus designios. Desde que llegué aquí mi vida junto a este pueblo se ha hecho oración permanente y me han mantenido tan cerca de Dios que me hacen recuperar mi espíritu indígena de orar en la vida y con la vida acogiendo los frutos de la “pacha mama” (madre tierra).

Mi trabajo es la escuela “Junior Sencondary School” y allí comparto mi vida con los alumnos /as enseñando inglés, (las demás materias se imparten en oromo, la lengua local). Somos 5 profesores: tres musulmanes, un ortodoxo y yo que llegué hace poco.

Es una escuela rica de presencia de niños, niñas y jóvenes (las familias son numerosas (8-10 hijos) con muchas ganas de aprender y salir adelante, pero no tienen una base educativa. Vienen con la ropita muy gastada y, la mayoría de las veces, con el estómago vacío…

Muchas veces he tenido que decir: Señor ayúdame a entrar en este misterio de pobreza que me parte el alma, me daban ganas de llorar cuando veía a los niños desprovistos de lo esencial que me dije: o yo no aguanto esto o tiene que suceder un milagro. Y el milagro sucedió y es que estos niños se ganaron mi corazón y me han enseñado a esperar en el Dios que no abandona a nadie y que sólo él tiene la última palabra.

Con todo tienen muchas ganas de aprender y venir a clase a la que acuden todos los días desde lejanos lugares. El resto del día lo pasan en los campos cultivando o cuidando sus cabras u otro ganado, hasta que a las 5 regresan a casa y tendrán la comida del día, juntos en familia.

Este es el grupo más numeroso de Etiopía, pero no es de la etnia del gobierno actual, por eso le conviene tenerlos en desventaja, pero ellos no se dejan, su dignidad no se lo permite y luchan hasta alcanzar lo que quieren.

Carol (misionera comboniana).

 

La misericordia es la justicia: viaje al centro penitenciario de Albolote, Granada.

Cada sábado y domingo e incluso durante la semana una furgoneta de nueve plazas sale de la estación de autobuses de Granada con dirección a Albolote; ahí se encuentra el centro penitenciario.

En la furgoneta va Don Fernando Cañavate, capellán de la cárcel, un hombre que tanto en su aspecto físico como en su carácter une la dulzura de un mensajero de misericordia y la determinación del que lucha por la justicia y por la verdad. Las demás personas somos un grupo de voluntarios, dentro de ellos algunos héroes de bondad y ejemplos de fidelidad con 30 años o más dedicados al acompañamiento de presos y presas. Nosotras somos de las más jóvenes Silvia y Marianna postulantes misioneras combonianas.

En esta misma furgoneta invito al lector a subir para acercarse un poco más a esta realidad muchas veces desconocida y olvidada.

Después de algunos controles obligatorios podemos entrar en el centro. Disculpad las palabras quizás fuertes, pero os aseguro que muchas veces entrar en la cárcel se parece mucho a algo como bajar a una cuidad- infierno. En esta ciudad viven personas que por algún motivo han cometido un error o unos errores a veces graves y por esto se les quita la libertad durante años.

La cárcel está poblada por alrededor 1800 internos, divididos en 14 módulos. La mayoría de los módulos son de hombres, pero hay dos de mujeres y uno de ellos de mamás con niños menores de tres años.

A medida que voy acercándome a estas personas, acompañando sus vidas y escuchando sus historias me voy dando cuenta de que cada hombre y mujer, a pesar de los errores o delitos que ha podido hacer, es un lugar sagrado, es un misterio de amor, es lugar de encuentro con Dios; y siguiendo un poco nuestro viaje invito ahora el lector a acercarse a ellos en silencio, de puntillas o tal vez como Moisés delante de la zarza ardiente, quitándose las sandalias.

Os presento a un amigo. Un preso de 40 años. Está en la cárcel desde que tenía 15 años. Está enfermo de V.I.H. y de hepatitis. Me promete su amistad hasta la muerte. Hace tiempo que me dijo ha matado a un hombre. Estaba bajo los efectos de la droga y robando un banco. Todas las noches recuerda ese trágico día. Me ha dicho que su vida se va transformado poco a poco. Dice que no cree en Dios, pero cree que muchas veces por milagro sigue pasando de la muerte a la vida.

Os presento a otros dos amigos. Sus madres dieron a luz el mismo día, en la misma cárcel. Ahora festejan sus cumpleaños juntos. Son jóvenes. Pero sus vidas están destrozadas y quemadas. Ya no saben como cambiarla. Dicen que necesitan ayuda pero que nadie se la está ofreciendo.

Os presento ahora a una amiga. Viene de Sudamérica: huérfana de madre y padre empezó a prostituirse por necesidad en su país y después en Europa. Por la vida dura pasada en la calle y, dice ella, por curar sus heridas empezó a beber y a consumir drogas. Ahora está en la cárcel con un niño pequeño.

Finalmente saliendo por el pasillo nos encontramos con un preso que no conozco. Se nos acerca. Saca un panecillo de chocolate que tiene envuelto en un papel. Nos lo ofrece. Está todavía caliente, lo tiene en su bolsillo. Nos lo ofrece sin pedir nada a cambio. Solo que lo recibamos. El es feliz de donarlo.

Si, como dicen los psicólogos, cada emoción y sentimiento es lícito ya que revela nuestra interioridad y aspectos de la realidad, puedo afirmar que como mezcladas y entretejidas han florecido y crecido en mi corazón muchas emociones y sentimientos muchas veces contrastantes: indignación y misericordia han sido las constantes durante esta experiencia pastoral.

Hay que denunciar que las condiciones de vida en el centro no son muy buenas. Más que apostar por la recuperación de estas personas se está intentando aislarlas durante un determinado número de años de la sociedad. Según las estadísticas, los internos de la cárcel en la mayoría de los casos volverán a delinquir.

Indicativos de esta tendencia son los porcentajes de los empleados:

1 funcionario cada 5 presos
1 psicólogo cada 300 presos.

Quizás se está haciendo todo lo posible, pero a mi me parece que esto es insuficiente en una civilización del siglo XXI.

Humanizar, humanizar este sitio inhumano: esta me parece la labor más urgente e importante que están realizando muchas personas. Voluntarios, educadores, empleados, médicos, funcionarios, profesores,

O. N. G. Pero, repito, me parece insuficiente. Gravemente insuficiente. Los problemas son enormes, lo sé, pero, ¿Se está intentando todo lo posible?

Con Marianna y Esperanza, otra voluntaria, desde hace algunas semanas estamos realizando un taller de valores humanos. Reflexionamos y nos confrontamos sobre algunos temas importantes como el amor, el perdón, la libertad, el mundo. A medida que nos confrontamos con ellos nos damos cuenta de los conceptos equivocados que cada uno tenemos con respecto a estas palabras. Juntos intentamos dar un nuevo contenido a estas palabras, que sea más verdadero y que nos ayude a sanar heridas, a desenmascarar los falsos conceptos de amor, libertad y felicidad que tenemos. Esta labor de confrontación con ellos es muy importante.

Nunca en mi vida he entendido mejor que en la cárcel, la equivalencia justicia-misericordia, que muchas veces encontramos en el mensaje evangélico.

En la cárcel un lugar donde se pretende “hacer justicia” y “verdad” según parámetros humanos... cada vez más me doy cuenta que esta Justicia humana no puede ser sino sinónimo de la Misericordia que nos enseña Dios. Si hay una justicia que funciona, esta no puede ser sino el practicar la misericordia.

Misericordia es saber que todos estamos en el corazón de Dios y que El está en nuestro corazón.

Dios tiene misericordia de toda persona. Pero sus predilectos son estos ciegos y cojos de la vida, estos pecadores, estas personas con los corazones heridos. Nosotros nos acercamos a ellos sabiendo que Jesús ya habita en ellos, que ya ha entrado en sus heridas y que poco a poco las sanará. Ha entrado y no saldrá hasta que haya sanado y curado a cada uno.

Este es el significado mismo de la palabra misericordia. Saber que todos con nuestras miserias, absolutamente todos, estamos en el corazón de Dios. Esta es su justicia: su amor lo sana todo. Esta es la fe que profesamos los voluntarios y lo que nos empuja cada día a apostar por la vida y la recuperación de estas personas.

Silvia Sartori-italiana

 

DESDE ZAMBIA: EL PESO DE UNA REALIDAD QUOTIDIANA

Mongu. Tres de la tarde de un día lluvioso. Me encuentro con unos 40 jóvenes reunidos debajo del techo de aluminio de una iglesia que lleva casi cuatro años en construcción, en medio de un barrio de chabolas. La verdad es que nos sentimos muy cómodos en este gran resguardo, sin paredes y con el viento que cruza por todas partes. Después de rezar juntos, empezamos nuestra discusión de hoy: el SIDA y los jóvenes.

Mishek, uno de los líderes, es el primero, con un breve repaso a las causas más frecuentes del contagio del SIDA. En esta parte de Zambia la enfermedad está incrementando, especialmente entre los jóvenes. Aunque la mayoría de la gente, especialmente en las áreas urbanas como es esta pequeña ciudad de Mongu, oye hablar continuamente del Síndrome de la Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA) y de cómo prevenirlo, todavía hay poca conciencia de la responsabilidad personal que entra en juego cuando se trata de prevención. Nuestra discusión se hace interesante pues las reacciones entre los jóvenes son varias. Aquí en Zambia, nadie se escapa del efecto de la epidemia: cada día perdemos a 290 personas, unas 12 por hora. Muchos de estos jóvenes son huérfanos debido al SIDA. La discusión se centra en el estigma que todavía existe por parte de la sociedad: los portadores o enfermos del SIDA están marginados.

Imbula pide la palabra; es uno de los veteranos del grupo, un chico de 27 años, casado y con un niño, al que ama muchísimo. Quiere compartir su experiencia. Todos lo escuchamos con atención. En el 2005 fue a hacerse la prueba en la clínica y resultó positivo. Su primera reacción fue de frustración pues pensó que su vida ya no tenía ningún sentido. Poco a poco, a través de la terapia y con la ayuda de amigos y de su esposa, entonces novia, comprendió que el SIDA no significa el fin de la vida. Hoy está todavía sano y sin necesidad de tomar los anti retrovirales. Aconseja a todos hacerse la prueba para conocer la verdad y poder vivir en paz consigo mismo. Hay que ser valientes para afrontar el resultado y dejarse ayudar.

Monde, una chica de 22 años alza la mano. Ella también quiere compartir su experiencia. Es madre soltera, con dos niños. Supo que era positiva hace solo dos años y desde hace un año está tomando anti retrovirales. Nos habla de que el SIDA es ahora una cosa normal en su vida y no tiene miedo de hablar de ello. Lo considera como una enfermedad cualquiera, aunque es consciente que se tiene que cuidar mucho para no enfermar. Nos invita a no juzgar a las personas por su aspecto. De hecho, ella no demuestra ningún signo de la enfermedad. Mientras ella continúa hablando, me viene a la mente Jenny, una chiquilla de 13 años, que vivía con su abuela en una chabola de juncos pobrísima.

Cuando la conocí, hará ya tres años, estaba en estado terminal y no se movía de su cama construida con pedazos de madera. Me pedía que si le podía enseñar inglés pues al colegio ya no podía ir debido a que las fuerzas no le permitían. Después de mi segunda visita murió. Su cuerpo esquelético estaba cubierto de llagas infectadas. Esta niña era una huérfana del SIDA: padre y madre murieron enfermos. La condición de extrema pobreza en la que vivía con su abuela que la cuidaba no le permitieron alargarle la vida.

Por aquel entonces el acceso a los antoretrovirales gratuitos no alcanzaba a todos. A la mente me viene también Silume. Estos días está muy enferma. Fue mi profesora de Silozi, la lengua local. Es maestra en una escuela primaria. Ha perdido apetito y mucho peso, y su cuerpo ya no responde a la tercera línea de tratamiento. Vive con una rabia dentro pues el marido le ha sido infiel durante todo el matrimonio y ha sido la causa de su actual situación. El marido está también reducido a los huesos. A ambos no les quedan muchos días de vida.

Vuelvo a casa y me siento cansada. El peso de esta realidad tremenda que es la enfermedad del SIDA y como está afectando la vida de muchos pobres me pesa y me duele. Cuando salgo a los poblados, visitando familias, me doy cuenta de que en las zonas rurales la situación es todavía peor debido a la falta de información y sé que la gente muere, especialmente niños y jóvenes, sin ni siquiera saber que los mató.

Me pongo a correr pues la lluvia empieza de nuevo. Siento como me moja y doy gracias a Dios por esta sensación refrescante. Ojala pudiéramos borrar toda señal del sufrimiento causado por el SIDA con esta agua caída del cielo…

Llego a casa, justo a tiempo, antes de que la lluvia se convierta en un fuerte aguacero, como suele ocurrir aquí. Mis sentimientos de impotencia y dolor se transforman poco a poco en una oración serena de esperanza para este pueblo que vive el calvario del SIDA con una inmensa fe en Dios y amor a la vida.

Hna. Eulàlia Capdevila Enríquez.
Mongu, Provincia Occidental de Zambia. Marzo 2009